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La pobreza, las mujeres y los jóvenes
"Recuerda la cara del hombre más pobre y más débil que hayas visto y pregúntate si la medida que piensas adoptar va a tener alguna utilidad para él. ¿Le va a servir de algo? ¿Le devolverá el control sobre su vida y su destino? En otras palabras, ¿servirá para que los millones de hambrientos y espiritualmente empobrecidos consigan la confianza en sí mismos? Descubrirás entonces que tus dudas y hasta tu propio yo desaparecen."
-Mahatma Ghandhi-
Son muchas las caras de la pobreza. Hay una de cada cinco. La mayoría de ellas son caras de mujer-esas mujeres que, según el proverbio chino, "sostienen la mitad del cielo"-y sin las cuales no puede alcanzarse la victoria en la lucha contra la pobreza. Están además las caras de los niños, los jóvenes, los discapacitados y los ancianos; de los indígenas, de los migrantes y de los refugiados, aquellos a los que el "progreso" ha empujado hacia la periferia. Llamados colectivamente los desfavorecidos o marginalizados, en ellos es en los que debe concentrarse primordialmente el esfuerzo serio para erradicar la pobreza. La pobreza se presenta también bajo muchas formas: como una condición endémica de masas en los países más pobres y menos adelantados; como islas en medio de la riqueza incluso en los países más prósperos; ya sea como un empobrecimiento súbito debido a desastres naturales o causados por el hombre; como pobreza temporal debida a los despidos; o como la pobreza persistente, a largo plazo, de los marginalizados que llevan a cabo trabajos inferiores por un salario pequeño o nulo. Cualquiera que sea su manifestación, la exclusión social que acompaña a la pobreza constituye al mismo tiempo una violación de la dignidad humana y una amenaza contra la propia vida.
De los 5.700 millones de personas que viven en el planeta, se calcula que 1.300 millones viven en la pobreza, con un nivel de ingreso y consumo inferior a la línea de pobreza definida en alrededor de 400 dólares americanos anuales. La pobreza afecta a los individuos y a las familias en todas las partes del mundo, aunque la mayor parte de la personas más pobres viven en el mundo en desarrollo, donde constituyen una tercera parte de la población. Asia: Numéricamente, el mayor número de personas severamente empobrecidas, aproximadamente la mitad del total, arrastran una existencia miserable en Asia meridional, donde vive el 30% de la población mundial. Otro 25% del total vive en Asia oriental. Africa: La pobreza extrema se concentra principalmente en África, particularmente en la banda de países situados al sur del desierto del Sahara. Africa tiene aproximadamente el 16% de la población mundial, pero la mitad de todos los africanos vive en la pobreza. Chiapas: la evidencia nos dice que mas de el 70% de la población se encuentra en condiciones de pobreza y que el nivel de la línea de la pobreza extrema envuelve a más del 50 % de la población.
Zonas rurales: El 80% de los pobres de todo el mundo vive en zonas rurales, la gran mayoría en Asia y en África. El 60% de la población rural de África al sur del Sahara vive en la pobreza, al igual que el 31% de la población rural de Asia. En América Latina y el Caribe, el 61% de la población rural vive en la pobreza. Para el caso del estado de Chiapas, el rango fluctúa alrededor de 65 %. En general, los pobres rurales carecen de tierras, o tienen granjas demasiado pequeñas para que produzcan un ingreso adecuado. Una vieja lucha: Para los más pobres del mundo, el simple hecho de sobrevivir constituye una lucha. La vida es más corta debido a una atención sanitaria inadecuada y un acceso insuficiente a los alimentos, al agua potable y al saneamiento. Las tasas de mortalidad infantil, un indicador indirecto de la pobreza, son de aproximadamente 175 por 1.000 nacidos vivos en África y de 100 por 1.000 en la India, en comparación con 15 por 1.000 en el mundo desarrollado. En África al sur del Sahara, las personas raramente viven más allá de la edad de 50 años, en comparación con la edad de 80 años en el Japón. La vida es también más difícil. En el mundo en desarrollo, de acuerdo con la ONU, "la quinta parte de la población... está hambrienta al ir a dormir cada noche, donde la cuarta parte carece de acceso a necesidades básicas, como el agua de beber no contaminada, y la tercera parte vive en estado de abyecta pobreza". Por otra parte:
Analfabetismo: Objetivos educacionales insuficientemente financiados se enfrentan a una explosión demográfica y, con no poca frecuencia, a prioridades militares. El resultado: 500 millones de niños sin escuelas y 1.000 millones de adultos funcionalmente analfabetos. Para Chiapas, los datos oficiales nos señalan cifras entre el 20 y 25 %, es decir, casi un cuarto o un quinto de la población total.
Desempleo: De una fuerza mundial de trabajo de 2.800 millones, 120 millones están buscando trabajo, pero sin ningún resultado, mientras que la vasta mayoría de los absolutamente pobres --700 millones-- están clasificados como subempleados, que con frecuencia trabajan largas horas en empleos agotadores que ni siquiera cubren las necesidades básicas.
Desastres: Asimismo los pobres son especialmente vulnerables a los desastres naturales, tales como la sequía, las inundaciones y las tormentas, con poco margen para poder sobrevivir cuando quedan destruidas sus viviendas, posesiones y medios de producción. Una nueva urgencia: Sugieren los expertos que ese tipo de pobreza persistente en un mundo por lo demás progresivo es resultado del fracaso de las teorías de desarrollo del decenio de 1960 que propugnaban la idea de una "distribución descendente" de la riqueza, las esperanzas frustradas de un nuevo orden económico mundial en el decenio de 1970 y la "década perdida" de los años 1980-1990. Los jóvenes son las víctimas más vulnerables de la pobreza. Cada año, 13 millones de niños menores de 5 años en todo el mundo mueren de enfermedades que se podrían prevenir fácilmente y de malnutrición. Unos 200 millones de niños menores de 5 años (el 36% del total de este grupo de edad) padecen de grave malnutrición. Incluso en el país más próspero del mundo, los Estados Unidos, cada 35 minutos muere un niño por causas relacionadas con la pobreza, según el Informe sobre la situación social en el mundo, 1993. Las dificultades económicas y la explotación fuerzan al trabajo infantil a 160 millones de jóvenes y a la prostitución infantil a un número calculado en 2 millones. En Chiapas, la incorporación de jóvenes a la fuerza de trabajo hace que abandonen la escuela desde el cuarto año de primaria, es decir, entre 10 y 14 años.
Los jóvenes: un recurso en peligro: Para el año 2025, los jóvenes representarán únicamente el 16% de la población mundial. Las cuatro quintas partes de ellos viven en países en desarrollo, donde se encuentran en mayor peligro de vivir en la pobreza. Durante la "década perdida", un abrumador 65% vivió en países de la categoría de más bajos ingresos, con menos de 1.000 dólares por año. Para el año 2025, el 88%, aproximadamente de la población mundial menor de 15 años vivirá en el tercer mundo.
Un futuro incierto: Los niveles cada vez mayores de desempleo en todo el mundo afectan en forma desproporcionada a los jóvenes. En África, en el decenio de 1980, la tasa de desempleo de los jóvenes era superior al 20%. Incluso en los países industrializados el desempleo de la juventud está aumentando: en 1992 alcanzó al 14% en los Estados Unidos, al 15% en el Reino Unido, al 33% en Italia y al 34% en España. El desempleo de la juventud es doblemente perjudicial en el sentido de que los jóvenes constituyen el principal recurso humano para el desarrollo. Mientras que deberían ser los agentes clave del cambio social y de las innovaciones tecnológicas, se encuentran en una categoría social asediada de incertidumbres acerca de su futuro y plagada de oportunidades inadecuadas para la propia realización: factores que estimulan la exclusión, la marginalización y la conducta antisocial.
"¿Qué te gustaría hacer cuando seas grande?" ¡VIVIR!
Leyenda de un cartel del UNICEF
La pobreza y la mujer: Las mujeres comprenden más de la mitad de la población mundial. Sin embargo, pese a que en el último medio siglo se han dado pasos importantísimos hacia la potenciación de su papel, se vive todavía en un mundo desigual para las mujeres, en el que "las puertas que conducen a las oportunidades económicas están apenas fijándose".
Condiciones desiguales de juego: El Estudio Mundial sobre el papel de la mujer en el desarrollo, 1999, afirma que la tradición discriminatoria es una de las razones de que la mujer tenga que soportar la mayor carga de la pobreza, especialmente en las zonas rurales, donde su acceso a la salud, la educación y a los recursos productivos, como son el capital, la tecnología y la tierra, están gravemente limitados. Como resultado de ello, la pobreza sigue estando obstinadamente "feminizada", con las mujeres representando el porcentaje mayor de la población del mundo que se encuentra en la pobreza absoluta. Solamente en las zonas rurales, más de 550 millones de mujeres (más del 50% de la población rural mundial) viven por debajo del nivel de la pobreza. La mujer en los países industrializados está también en condiciones de desventaja. Además de la pobreza "heredada", las mujeres en número creciente están deslizándose inexorablemente por primera vez hacia una situación inferior al nivel de subsistencia. Solamente en los Estados Unidos, tres de cada cinco madres solteras subsisten en la pobreza, y su número ha pasado de 5,8 millones en 1980 a 7,7 millones en 1990. Para el caso de Chiapas la condición de la mujer en el medio rural la ubica en un completo estado de indefensión al no poder ser receptora de ingresos, ya que la mayor parte de los trabajos los realiza en su hogar, en las labores del campo a nivel familiar. En las ciudades, estas posibilidades de ingreso son mejores que las del medio rural, sin embargo, en la escala de ingresos, aún la condición de la mujer la ubica en un plano secundario.
Educación: El analfabetismo es una abierta invitación a la pobreza. La necesidad de trocar la educación de las muchachas por la necesidad inmediata de subsistir ha tenido como resultado una situación en la que 86 millones de muchachas en todo el mundo carecen de educación primaria. Las dos terceras partes de 1.000 millones de adultos analfabetos de todo el mundo son mujeres. En el caso de Chiapas, de cada 100 adultos que no saben leer, 63 son mujeres y 37 hombres.
Hogares con la mujer como cabeza de familia: Las pruebas cada vez mayores de pobreza entre las mujeres han estado vinculadas con el aumento del número de hogares donde la cabeza de familia es la mujer, resultado de la migración, la disolución familiar, la mortalidad o la monopaternidad. Una tercera parte de las familias en todo el mundo están ahora presididas por mujeres. Globalmente, el mayor porcentaje de hogares presididos por mujeres se encuentra en Europa y América del Norte (31,2%), donde constituyen el segmento más pobre de sociedades que, por lo demás, son prósperas. En un segundo plano muy próximo se encuentra Africa, al sur del Sahara, con el 31%.
Trabajo sin remunerar: Gran parte del trabajo de la mujer, especialmente en las zonas rurales, se considera como trabajo familiar no remunerado. En los países industrializados, dos terceras partes del tiempo laboral de la mujer se gastan en actividades no remuneradas. Sin embargo, un reciente informe del PNUD, si el trabajo no mercantil de la mujer se expresase en términos de valor monetario, arrojaría una "cifra gigantesca de 16 billones de dólares, es decir, superior a un 70% aproximadamente del monto oficialmente estimado del producto mundial actual, que asciende a 23 billones de dólares. De esos 16 billones de dólares, 11 billones representan la contribución invisible y no monetizada de la mujer".
Empleo: Todas las regiones del mundo reflejan una tasa mayor de desempleo entre las mujeres que entre los hombres. La participación de la fuerza de trabajo femenina ha subido sólo en 4 puntos porcentuales en 20 años (es decir, desde el 36%, en 1970 al 40% en 1990).
Trabajo remunerado: En el trabajo, las mujeres reciben normalmente salarios medios muy inferiores a los de los hombres. Las disparidades de género persisten incluso en los países desarrollados. Por ejemplo, en la República de Corea y en el Japón, las proporciones respectivas de los salarios femeninos a los masculinos fueron únicamente de 47 y 51%.
Crédito: Ingresos limitados, falta de apoyo financiero y subordinación económica y social son factores que limitan drásticamente el acceso de la mujer a todas las formas de crédito. Por ejemplo, en algunos países africanos, las mujeres - que representan más del 60% de la fuerza de trabajo agrícola - reciben menos del 10% del crédito asignado a los pequeños agricultores y solamente el 1% del crédito total asignado a la agricultura. En América Latina y en el Caribe, solamente del 7 al 11% de los beneficiarios del crédito son mujeres.
Ajuste estructural: La llamada "década perdida", con sus ingresos per cápita descendentes, el aumento extraordinario de los precios, las tasas mayores de interés y las reducciones drásticas en los gastos gubernamentales, afectaron gravemente a las mujeres. El resultado neto de las políticas de ajuste estructural ha sido la reducción mayor aún del acceso de la mujer a las subvenciones necesarias para sostener un medio de vida mínimo.
Potenciación del papel de la mujer: "El desarrollo humano, si no se incorpora en él la condición de los sexos, está en peligro", declaró el más reciente Informe sobre Desarrollo Humano. La lucha contra la pobreza requiere la creación de un medio en el que las mujeres puedan ejercer un control más directo de los recursos. El alivio de sus múltiples cargas, proporcionando sistemas de apoyo social a la salud, a la planificación familiar, la educación y la atención de los ancianos, es una responsabilidad que deben compartir el Estado, la comunidad y todos los miembros de la familia. El alivio de la pobreza para la mujer significa no solamente un aumento de sus ingresos, sino también un aumento de las oportunidades, por ejemplo el acceso a los recursos productivos, tales como la tierra, el capital y los conocimientos tecnológicos, la capacitación y la participación en el proceso de adopción de decisiones. Si en Chiapas la desigualdad femenina es evidente en buena parte de las actividades, la administración pública y la privada también no son la excepción. Los procesos de globalización nos exigen ya que tanto hombres como mujeres cambien esas actitudes.
Personas discapacitadas: Se calcula que aproximadamente el 10% de la población mundial--más de 500 millones--está discapacitada, lo cual la hace más vulnerables a las desventajas económicas.
En los países en desarrollo llega hasta el 80% la cifra de todas las personas discapacitadas que viven en zonas rurales aisladas. Con frecuencia se encuentran entre los más pobres de la comunidad, con escaso o ningún acceso a la atención sanitaria, los servicios médicos, la rehabilitación o los servicios de apoyo. Las personas con discapacidades físicas se ven también en la imposibilidad, debido a su pobreza, de obtener muletas o prótesis, que por lo menos podrían proporcionarles alguna movilidad.
Los ancianos: El aumento del número de ancianos en el mundo presentará uno de los retos más profundos a la erradicación de la pobreza en el próximo siglo. Según la Organización Mundial de la Salud, la población mundial de edad superior a los 65 años aumentó en un 2,7% anualmente entre 1990 y 1995, en comparación con el 1,7% respecto de la población mundial. En algunos países en desarrollo puede llegar a cuadriplicarse en los próximos 30 años. Más aún: la proporción de ancianos a personas en edad de trabajar, que alcanzaba el 18,6% en 1990, puede llegar, según las proyecciones, al 28% para el año 2020, lo que representa una gran carga para los sistemas de seguridad social.
Los indígenas: las condiciones de pobreza extrema de la gran mayoría de pueblos indígenas no permite ya posponer el establecimiento de nuevas formas de relación entre las etnias, la sociedad, los gobiernos nacionales, estatales y municipales y los organismos internacionales. Ello, a partir de la revaloración, integración y desarrollo de todos los individuos, a partir del respeto a sus tradiciones, cultura, derecho y garantías individuales.
Desde el Amazonas hasta el Circulo Ártico, en más de 70 países de todo el mundo se calcula que existen 300 millones de indígenas que pertenecen por lo menos a 5.000 grupos que son lingüística, cultural y geográficamente distintos, descendientes de los primeros seres humanos en sus respectivas regiones. Sin embargo, pese a su diversidad, se han enfrentando con dificultades análogas al intentar salir del colonialismo o mantenerse al paso de una modernización implacable. En muchos casos han sido marginados y empujados casi hasta el punto de la extinción. Asediados por la pobreza y por la falta de acceso a los servicios sociales básicos, sus condiciones de vida son frecuentemente abrumadoras, especialmente en comparación con poblaciones adyacentes.
Más de la mitad de los indígenas del Perú --el 79% de la población de la nación--viven en una pobreza extrema. En el caso de México, la proporción de indígenas del total de habitantes va en un rango del 10 al 15 %, de los cuales casi la totalidad vive en condiciones de marginación. En Guatemala, el 87% de los indígenas viven bajo el nivel nacional de pobreza. En Chiapas, más del 90 % d la población indígena, sufre el flagelo de la pobreza. No es casualidad que en nuestra sociedad una familia indígena tenga 20 veces más probabilidad de carecer de hogar que una familia no indígena.
Migrantes: La migración económica internacional es una parte intrínseca del proceso de desarrollo, una respuesta a las diferencias de salarios y de la oferta y la demanda de mano de obra y un deseo por parte de muchos de los que viven en las regiones menos desarrolladas de escapar a la pobreza.La migración ha ofrecido históricamente una importante ruta de escape de las limitaciones debilitadoras de una excesiva población y de la pobreza, así como de la devastación producida por la guerra y los conflictos étnicos. Sin embargo, la migración sigue siendo controvertida debido a los efectos adversos que tienen en el bienestar el envío y recepción de comunidades y naciones.
Mientras que los países tradicionales de inmigración-Australia, Canadá, Nueva Zelanda y los Estados Unidos- recibieron unos 6 millones de emigrantes entre 1975 y 1985, se estarán imponiendo cada vez más cuotas a medida que las preocupaciones económicas nacionales aumentan y se incrementa el volumen de la migración ilegal. Recientemente, los países europeos, que luchan contra tasas persistentemente altas de desempleo, se han mostrado cada vez más renuentes--e incluso hostiles--a los migrantes económicos.
Refugiados: Huyendo, con frecuencia sólo con los vestidos que llevan puestos, de las guerras y de los conflictos étnicos, el número de refugiados políticos y de personas desplazadas se calcula que ha alcanzado a más de 30 millones, es decir, el doble de la población de Australia. Entre el 70 y el 80% son mujeres y sus familiares que pasan meses, años e incluso toda su vida en campamentos de tránsito. Sus vidas permanecen "en suspenso" mientras buscan asilo o esperan la repatriación.
Ayuda a los desfavorecidos: La Declaración de Copenhague sobre el Desarrollo Social y el Programa de Acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social instaron a que se concediera prioridad especial "a las necesidades y derechos de las mujeres y niños, que con frecuencia son los más afectados por la pobreza, y a las necesidades de los grupos y personas vulnerables y desfavorecidos". El Programa de Acción de la Cumbre Social subrayó las medidas especificas y orientadas a las personas que han de adoptar los gobiernos para reducir la carga de la pobreza, tales como el acceso a los recursos productivos (por ejemplo, el crédito, la tierra, la educación y la capacitación, la tecnología, los conocimientos y la información) y a los servicios públicos. Concentrándose en los grupos vulnerables, instó también a que se proporcionase a todas las personas una protección económica y social adecuada durante el desempleo, la enfermedad, la maternidad, la educación de los niños, la viudez, la discapacidad y la ancianidad.
Como dijo el Papa Juan Pablo II durante su visita de 1995 a los Estados Unidos, cuando se dirigió a la Asamblea General de las Naciones Unidas en su quincuagésimo período de sesiones, refiriéndose a las necesidades de los pobres.
"Deben tener un papel que desempeñar en la construcción de una sociedad verdaderamente digna de la persona humana", dijo, "una sociedad en la que ninguno sea tan pobre que no tenga nada que aportar y ninguno sea tan rico que no tenga nada que recibir".
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