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Globalización y competitividad: la ruta para el desarrollo
Es a nivel general, pero con particular importancia, para un "participante tardío" como pareciera ser México, en este proceso de globalización, es prioritario reorientar sus políticas e instrumentos para poder competir exitosamente ante las nuevas condiciones que la propia integración económica impone, ya que de ello dependen las posibilidades de lograr una estabilidad económica e impulsar el bienestar social.
Las naciones desarrolladas han estructurado complejos, ágiles, vastos y eficientes instrumentos de apoyo a la competitividad, cuyo común denominador se expresa en su simetría y de que son directamente proporcionales a su nivel de dinamismo, industrialización y desarrollo.
Necesario es también puntualizar, que entre más tiempo tarda un país en incorporar su economía a la globalización, mayor es el apoyo gubernamental que tiene que otorgar a sus empresas para competir en mercados abiertos.
Cabe en este caso, señalar el ejemplo del país que ha sido líder en este proceso de globalización, de manera específica, el gobierno norteamericano ha construido un complejo y eficiente aparato de protección y fomento de sus fuentes de trabajo.
De acuerdo a recientes estudios publicados por el Banco Mundial (Joseph E. Stiglitz, Dimitri Vittos, Michael Bruno, etc.), en la década pasada, la cuarta parte del financiamiento productivo de los Estados Unidos provino de los organismos financieros gubernamentales.
Por otro lado, en la Vieja Europa, hoy la Unión Europea, cada país ha desarrollado su propia versión de la promoción y fomento, con formas diferenciadas, pero muy efectivas, de participación económica estatal.
El ejemplo más reciente de acceso al comercio global es el de los Países Asiáticos, que durante el proceso de desarrollo sus gobiernos tuvieron que otorgar a sus respectivas empresas más cuantiosos y más eficientes apoyos que los recibidos por las americanas y europeas; han llegado a ser financiados entre el 70 y 80% de los sectores estratégicos en Japón, Hong Kong y Corea, durante sus propias etapas de "despegue" económico en la postguerra. En la actualidad, dicho financiamiento ha podido ser reducido a 30%, gracias a la madurez, competitividad y eficiencia alcanzada por sus empresas.
El papel del Estado eficaz
El informe del Banco Mundial (1997) sobre "El papel del Estado en un mundo en transformación", apunta categóricamente que desde la Revolución Industrial hasta la fecha, todo éxito económico internacional ha contado siempre con el apoyo eficaz del Estado y sus instituciones financieras.
James D. Wolfenhson, Presidente del Banco, dice que estas observaciones "lejos de respaldar la teoría del Estado minimizado, demuestran que el desarrollo exige la existencia de un Estado eficaz, que actúe como agente catalizador y promotor, alentando y complementando las actividades de las empresas privadas y los individuos..." (BM 1997).
Continua señalando, que "la historia se repite una y otra vez, que el buen gobierno es una necesidad vital, no un lujo. Que, en la ausencia de un Estado eficaz, es imposible alcanzar un desarrollo sostenible, ya sea en el plano económico, en el político, o en el social".
En todos los países del mundo las Micro, Pequeñas Y Medianas empresas representan a la inmensa mayoría de la clase empresarial, generan un alto porcentaje del empleo de su fuerza de trabajo y le dan vida activa al mercado interno, por lo que sin excepción de régimen económico o nivel social, estas naciones tienen una economía exitosa y globalizada como resultado de una política económica de apoyo preferencial a este importante grupo de empresas.
Una forma de expresar y privilegiar el desarrollo de las actividades microempresariales, es a través de fomentar sanas costumbres de inversión en las que la garantía del proyecto es la viabilidad y factibilidad misma de su éxito. En Japón, por ejemplo, con una población total apenas un tercio mayor que la mexicana, uno solo de sus bancos de desarrollo "La Corporación Financiera Popular" (People's Finance Corporation), otorga más de 700 mil préstamos a la palabra cada año a los microempresarios japoneses, 10 veces más que la clientela anual de todos los bancos de desarrollo mexicanos.
Considerando esta teoría del Estado eficaz y la necesidad de internacionalizar la competitividad de las empresas mexicanas, debemos preguntarnos: ¿Hasta qué grado en México la Micro, Pequeña y Mediana empresa están recibiendo un apoyo eficaz, en calidad y cantidad, para poder contribuir oportuna y adecuadamente a los requerimientos del país?, ¿Hasta qué grado estas empresas han propiciado su integración vertical y horizontal con propósitos de mayor eficiencia para la competencia mundial?.
Debemos reconocer también que en los mercados globalizados, tanto externos, como domésticos, la competitividad internacional no se debe sólo a la eficiencia individual o microeconómica de cada una de las empresas, sino al resultado de sumar esta eficiencia con la participación intensa, programada y determinante de sus gobiernos nacionales, en comparación con la competitividad de los apoyos empresariales de otros gobiernos, que generalmente comprenden diversas formas de subsidios formales e informales, directas e indirectas.
A pesar de la realidad anterior, es un hecho que en algunos círculos el "impulso y fomento", o más directamente el "subsidio", es rechazado y señalado como una acción inconveniente e incompatible con el largo plazo de los nuevos modelos económicos, cuyo funcionamiento real depende de sus logros en el corto y medio plazo, por ello debemos invertir, soportar y apuntalar si queremos que nuestras empresas compitan en igualdad de condiciones y con alguna posibilidad de éxito en el nuevo mundo globalizado en que nos movemos.
Debemos agregar a estas consideraciones sobre los montos cuantitativos y cualitativos de los apoyos gubernamentales a las empresas, que la presión que sobre la economía y el empleo de nuestro país ejerce el alto crecimiento de la población. En los próximos 22 años se deberán crear cuatro veces más empleos, de los mercados formales que los actuales, ya que según proyecciones recientes de ONUDI y CONCAMIN, para el año 2020 México tendrá más de 130 millones de habitantes, 100 millones de ellos urbanos, con una población económicamente activa de cerca de 75 millones. (PNUD 1999)
Para lograr este objetivo se necesitaría entre otras cosas, que las Micro, Pequeñas y Medianas empresas aumentaran en más de 80% su participación relativa en el valor agregado nacional partiendo de los valores actuales, mejorando sensiblemente su número, su generación de empleo, competitividad e integración frente a las grandes empresas y cadenas productivas y comerciales del país.
Si conjuntamos estos datos de la economía interna, con los efectos de la globalización, por la que potencialmente nuestro mercado está expuesto a la competencia internacional, en aproximadamente un 60% de la producción nacional, se llega a la ineludible conclusión de que el futuro bienestar de México no será posible si no se incorpora al desarrollo a las Micro, Pequeñas y Medianas empresas, en forma urgente, decidida y permanente.
¿Por qué las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas no son internacionalmente competitivas?
La gran mayoría de las pequeñas empresas mexicanas son negocios de corte familiar, nacidos al amparo de la protección del modelo de la economía cerrada de "sustitución de importaciones", que surten al mercado nacional con productos generalmente tradicionales y hasta artesanales en su elaboración y contenidos. Caracterizadas además por un reducido nivel de cultura empresarial y limitada capacitación de sus dirigentes y trabajadores.
Carecen al mismo tiempo, de tecnología moderna y sistemas adecuados de administración y control de calidad. Por otro lado, más del 95% no tienen acceso a fuentes crediticias bancarias, y presentan problemas de capitalización, liquidez, financiamiento y cartera vencida; entre otras insuficiencias.
A estos problemas de baja tecnología, pobre administración, e ineficiencia de las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas, se agrega el impacto negativo que han representado las tres grandes crisis financieras sufridas por el país durante los años de 1981, 1987 y 1994.
De lo anterior podemos agrupar cuatro grandes problemas:
- Rezagos históricos de eficiencia y capitalización;
- Grandes ventajas y competitividad de empresa extranjeras; y
- Amplios subsidios y apalancamiento integral de sus gobiernos.
- Caída de la demanda, escaso financiamiento y falta de pagos domésticos.
Resulta comprensible que ante esta compleja problemática, muchas de las pequeñas empresas tengan serias dificultades para atender la demanda de los mercados internos y una reducida posibilidad de acceder a los externos.
Los datos disponibles nos muestran que hay "áreas obscuras" que no son atendidas adecuadamente, en forma espontánea, por las fuerzas del mercado.
Se requiere por tanto, en forma indispensable, la actividad compensatoria o supletoria del Estado para impulsar su desarrollo, hasta el momento en que el funcionamiento normal de los mercados las incorporen y propulsen espontáneamente.
Conclusiones
Las observaciones anteriores sobre la necesidad de que el Estado mexicano considere a las micro, pequeñas y medianas empresas como sector prioritario de una política económica pragmática e internacionalmente competitiva, deberá refrendarse en el Plan Nacional de Desarrollo 2000 - 2006, y de los diversos programas sectoriales como el de Política Industrial y Comercio Exterior, Desarrollo Agropecuario, Financiamiento del Desarrollo, etc.
Por todas las razones anteriores, consideramos esencial contar con políticas para la promoción de sectores y regiones estratégicos, que atiendan a las Micro, Pequeñas y Medianas empresas, considerando las enormes diferencias y desventajas que tienen con las de otros países, por su nivel de eficiencia, competitividad y cultura empresarial. Pero, sobre todo, por la necesidad política, económica y social del desarrollo, y porque es un hecho que no son atendidas adecuadamente, en forma espontánea, por las fuerzas del mercado.
Por esto se requiere la actividad compensatoria o supletoria del Estado, hasta el momento en que el funcionamiento normal de los mercados las incorpore e impulse en algunos de los siguientes puntos:
- La teoría del capitalismo globalizado más ortodoxo no sólo reconoce la intervención económica del Estado, sino que incluso la recomienda para corregir fallas, deficiencia o faltantes del mercado;
- La práctica internacional de los países capitalistas más exitosos en la globalización, ha sido y continúa siendo, utilizar activamente a los bancos de desarrollo y otros instrumentos para incentivar e incluso proteger a sus empresas, contra los productos extranjeros, que son aquellos contra los cuales nuestras empresas deben de competir, no sólo en los mercados internacionales, sino incluso dentro de nuestro propio mercado doméstico;
- El crecimiento demográfico mexicano y los problemas estructurales de nuestra economía, no se resolverán en definitiva por sí solos, en forma espontánea o por el libre juego de los mercados; inclusive, la experiencia internacional evidencia que lejos de ayudar a resolverlos, los agrava peligrosamente;
- Debe afirmarse el papel estatal de fomento y su relación con las políticas sectoriales, regionales y sociales;
- Al igual de cómo ocurre en los países desarrollados, es necesario establecer un sistema de incentivos, que deben ser presupuestados, temporales, medidos y concertados;
- Habrá que reconocer el costo y riesgo del fomento a actividades de alto interés nacional, necesarias para el despegue de regiones y sectores;
- Es requisito atender de modo integral la problemática de las Micro, Pequeñas y Medianas empresas, que en gran medida no sólo se refiere al financiamiento sino también a su concepción y a la carencia de conocimientos empresariales básicos;
- Habrá de concretar el número y la calidad de los programas que han de ser aplicados, y buscar que sean eficientes y ágiles;
- Conviene constituir sociedades regionales de inversión de capital accionario, para dar impulso y financiamiento a proyectos estratégicos de coinversión, que permitan la creación o desarrollo de empresas pequeñas y medianas, estatales o regionales.
Hoy México enfrenta los retos de una globalización que vive una dinámica vertiginosa, pero si logramos capitalizarlos y convertirlos en oportunidades, indudablemente que el siglo XXI será el momento del desarrollo y la oportunidad de incorporarse al concierto de naciones que gozan del desarrollo humano en el más amplio sentido.
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