La experiencia China y América Latina


Conocer el valor propio y honrar el valor de los demás es la verdadera manera de ganar respeto.

 

Hasta hace unos meses atrás, eran los mandatarios y empresarios latinoamericanos los que buscaban contra viento y marea fortalecer los lazos comerciales con China; pero ahora los papeles se han invertido y es la superpotencia la que ha salido a conquistar nuevos mercados en la región.

Un claro indicador de esta nueva tendencia es el hecho de que el presidente de China, Hu Jintao, haya recientemente visitado cuatro países claves latinoamericanos: Brasil, Argentina, Chile y Cuba. Ante este cambio de papeles, usted seguramente nos preguntaremos ¿qué es lo que busca China en América Latina? La respuesta es muy sencilla: materias primas.

Según los cálculos de organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), China se convertirá en la segunda economía a nivel mundial en nada menos que en los próximos cinco años, y en la más grande del mundo en 2050. ¿Cómo lo hará? Creciendo.

Tras registrar una tasa inferior al 5% en los años 70, el crecimiento económico anual medio del PIB fue de 10,2% en 1980-90 y de 12,8% en 1990-2000, el mayor del mundo, y una tasa muy superior a la de otras economías en transición, excepto Vietnam. En 1996 y 1997, el PIB de China creció 9,7% y 8,8%, respectivamente debido en buena parte al menor crecimiento demográfico. Finalmente, el crecimiento del PIB ha sido, no sólo alto, sino sostenido en los últimos 20 años.

La transformación estructural de la economía china desde 1978 ha sido muy intensa, la proporción del sector primario en el PIB descendió de 30,1% en 1980 a 18,2% en 1997, en beneficio del sector secundario (48,5% y 49,1%, respectivamente) y, sobre todo, del sector terciario (21,5% y 32,7%, respectivamente). El peso relativo de los agricultores en la fuerza de trabajo se redujo de 70,5% en 1978 a 45,9% en 2000.

La inserción de China en la economía mundial ha progresado de manera extraordinaria. La suma de exportaciones e importaciones de mercancías, que apenas suponía 10% del PNB en 1978, alcanzó 40% en 1995. El comercio exterior se ha multiplicado por más de 16, al pasar de apenas 20.000 millones de dólares en 1978 a más de 325.000 millones de dólares en 1997. Las exportaciones crecieron de 9.750 millones de dólares en 1978 a 182.700 millones de dólares en 1997, haciendo que la cuota de China en las exportaciones mundiales aumentase de un escaso 0,3% a casi 3%. La proporción de manufacturas en las exportaciones totales se incrementó de 48% en 1980 a 81% en 1995. Finalmente, China ha recibido una cuantiosa inversión directa extranjera, cuyo flujo anual pasó de 2.300 millones de dólares en 1983 a 45.300 millones de dólares en 1997. En la actualidad, China es el segundo mayor receptor de inversión directa, tras los EEUU, y obtiene una cuarta parte de la inversión mundial y una tercera parte de la dirigida al Tercer Mundo.

Es lógico entonces pensar que una economía que crece a un ritmo de 9% anual (una tasa altísima si se la compara con el crecimiento de entre 2% y 4% que mantienen en promedio los países desarrollados) no contará con la capacidad necesaria para hacer frente a tan explosivo ritmo de crecimiento y, es justamente por eso, que debe salir a buscar acuerdos comerciales con países como los latinoamericanos, cuya ventaja comparativa es la materia prima.

La primera parada del presidente chino fue Brasil, su mayor socio comercial en América Latina. Con la intención de fortalecer los lazos comerciales fundamentalmente para la adquisición de dos productos básicos, soya y acero. China ha manifestado su interés por el uranio brasileño. Para tener una idea de la importancia de las relaciones comerciales entre ambos países alcanza con darle una mirada a las cifras en materia de comercio en 2003 y en los últimos años.

En 2003, China fue el tercer mayor importador de productos provenientes de Brasil. Fue el principal importador de la soya brasileña (Brasil es el segundo productor de soya mundial, después de EE.UU.) y de acero. Brasil exportó a China 4,530 MDD, lo que representó un crecimiento del 78% con respecto a 2002. En los últimos cuatro años, las exportaciones brasileñas a China han crecido a un promedio anual del 61%. Las exportaciones brasileñas de acero también tuvieron un crecimiento explosivo en 2003. Escalaron un 500% y llegaron a 750 MDD, colocando a China como el segundo mayor comprador de acero de Brasil (China es el segundo mayor importador mundial de mineral de hierro). Brasil espera que China abra sus puertas a productos brasileños como pollo, carne y etanol; mientras que la superpotencia espera venderle a Brasil carbón (China es el segundo mayor exportador mundial de carbón).

Como si fuera poco, a esta compra de materia prima se le suma la posibilidad de que las empresas chinas inviertan en Brasil unos 8,500 MDD en los próximos años. Un negocio redondo tanto para China que busca mercados donde invertir, como para Brasil que busca reactivar su economía tanto con las exportaciones de materia prima como con la inversión privada.

Por otro lado el espectacular crecimiento económico de China demanda alimentos para su población, la que ya suma 1.300 millones, y Argentina aparece como un mercado clave. China busca en Argentina fríjol y aceite de soya (el 85% de las exportaciones a China en 2003 correspondió a esos dos productos). Productos como cueros curtidos, lana, hierro y acero laminado aparecen también en la lista de preferencias. Las ventas de productos argentinos a China crecieron un 112,6% en 2003, para ubicarse en 12,400MDD. De esta forma, China se ha convertido en el cuarto destino de las exportaciones de Argentina, después de Brasil, Estados Unidos y Chile.

En Chile, China busca firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) para este 2005. Algo muy importante para China si se piensa que este acuerdo sería el primero de este tipo firmado por la superpotencia desde su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace tres años.

China compra en Chile principalmente cobre (China se ha convertido en el principal consumidor mundial de cobre, superando incluso a Estados Unidos) con importaciones globales anuales cercanas a las 3,5 millones de toneladas), celulosa y harina de pescado, mientras que Chile importa desde la superpotencia productos textiles y electrónicos.

En 2003 el intercambio comercial entre ambos países alcanzó la histórica cifra de 3,155 MDD. Esto coloca a China como el tercer socio comercial de Chile detrás de Estados Unidos y Argentina, y muy por encima de Japón, Brasil, todos los países de la Unión Europea y del MERCOSUR.

En su recorrido por Latinoamérica, Jintao visito a al presidente cubano, Fidel Castro, para hacer negociaciones bilaterales. China es el tercer socio comercial más grande que tiene la isla después de Venezuela y España. En 2003, las exportaciones chinas hacia Cuba sumaron 236 MDD y las exportaciones de la isla hacia China unos 121 MDD. China importó de Cuba tabaco, productos químicos, equipos médicos de alta tecnología, vacunas y mariscos. Cuba, en cambio, compró televisores, maquinaria para fabricar bicicletas y terminales telefónicas.

Es evidente que Latinoamérica es una manzana jugosa para China. Sólo con Brasil, Argentina y Chile, China realizó transacciones comerciales por 14,600MDD en 2003 y adquirió las materias primas que tanto necesitaba: soya, acero y diversos productos alimenticios. Pero tampoco se puede negar que esta escalada en las transacciones comerciales entre China y Latinoamérica le ha servido de mucho a la región.

Sin embargo, no todo es y será color de rosa en las relaciones comerciales entre China y Latinoamérica. China es una superpotencia y como tal tiene la capacidad de inundar los mercados con productos manufacturados elaborados a costos de 50 centavos de dólar al día, equivalentes a 15 dólares al mes, algo que podría poner en jaque a la industria nacional en cada uno de los países de Latinoamérica. Por su parte la dirigencia china, ha detectado en Sudamérica  condiciones propicias con enormes territorios de riqueza incalculable; pueblos pobres mucho más preocupados por el precio que por la calidad; países ávidos de un nuevo flujo de inversión extranjera; gobiernos progresistas.

Solo piense en cuántos productos chinos puede ya usted encontrar a la venta en las calles de su país y se dará cuenta de lo que estoy comentando. Es por eso que el desafío de la región es lograr acuerdos inteligentes y que favorezcan a nuestras economías, sin dejar que las relaciones comerciales entre China y Latinoamérica se conviertan en el clásico ejemplo del gato y el ratón.

Lo más concreto hasta ahora es la posibilidad que los ciudadanos chinos puedan realizar viajes de turismo a Argentina. La expectativa, se entusiasman los empresarios del sector, una verdadera invasión, pacifica y muy lucrativa.

Y, además, la firma de una serie de protocolos sanitarios que permitirían comenzar a exportar hacia China una serie de alimentos: carne vacuna, avícola, peras y manzanas, limones, tabaco y lácteos, con la cual se duplicarían las ventas al gigante asiático.

Si bien el desconocimiento de la realidad china es enorme, aquí sólo se habla del impresionante crecimiento del PIB pero es muy poco lo que se sabe sobre los cientos de millones de campesinos chinos en situación de miseria, nadie ignora la existencia del partido único, el Estado burocrático y totalitario y su absoluto control sobre la economía y la sociedad.

Seria verdaderamente dramático que en la búsqueda de mejores horizontes las economías latinoamericanas cayeran en las garras de un gigante que pudiese devorarlos y intensificar más sus ya graves problemas internos.

 

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