|
La batalla por restaurar la economía de Irak
Estados Unidos y Gran Bretaña tienen la oportunidad de acabar con décadas de estancamiento económico en Irak, estableciendo pautas económicas antes de realmente entregar el control del país al gobierno recientemente electo. La tarea no será fácil porque ninguna nación musulmana del Medio Oriente ha logrado un desarrollo económico sostenido.
Muchos atribuyen esa falta de éxito económico a la influencia islámica, pero tal excusa ignora el hecho que el Islam tradicional es más favorable a la empresa privada y a la economía de mercado que el cristianismo. Mahoma era un comerciante y el Corán enseña a respetar la propiedad privada, los contratos de negocios y el comercio. Los países musulmanes eran líderes en el comercio mundial por cientos de años, comenzando en el siglo IX.
El principal obstáculo al desarrollo económico moderno en el Medio Oriente han sido las pésimas políticas, a menudo inspiradas en el Marxismo. Las empresas estatales y las regulaciones todavía dominan las economías de Egipto, Irán, Irak, Arabia Saudita y Siria. Las industrias importantes, incluyendo la producción y refinación petrolera, son controladas directamente por los gobiernos o por monopolios privados que dependen del Estado.
Mientras que la batalla militar por Irak concluye, una nueva batalla está por comenzar, cómo reconstruir ese país. Por un lado están aquellos que creen que, al establecer las instituciones y reglas adecuadas, los iraquíes estarán rápidamente en capacidad de reconstruir su propia economía sin representar una carga al contribuyente estadounidense.
El otro bando, liderado principalmente por países como Francia y Rusia, demanda que el nuevo gobierno ponga como su primera prioridad el pago de 120,000 MDD en préstamos que principalmente ellos le hicieron al gobierno de Saddam. Pagar dichas deudas a los franceses, rusos y otros prestamistas representaría tal carga sobre los ingresos petroleros de Irak que paralizaría cualquier intento por reconstruir la economía.
Los franceses hicieron lo mismo después de la Primera Guerra Mundial, cuando insistieron en un nivel de reparaciones igualmente alto por parte de los alemanes, de tal forma que la economía de dicho país no se pudo recuperar, lo cual causó eventualmente que los alemanes recurrieran a la violencia encabezados por Adolfo Hitler.
Irak posee la segunda reserva de petróleo más grande del mundo. Sin embargo, muchas de las instalaciones de producción existentes se encuentran en un magro estado de reparación, y mucho del potencial iraquí está subdesarrollado. Expertos petroleros creen que traer la producción petrolera iraquí al nivel de 1990 costaría 10.000 MDD. Ese es un gran monto, pero no tan grande como para no ser provisto por el sector privado internacional.
Más del 95% de los ingresos de las exportaciones iraquíes provienen del petróleo, y, con los niveles de producción de 1990, la economía iraquí estaría creciendo y prosperando a una buena tasa. Actualmente el PIB de ese país es de 65,000 MDD.
El punto es que Irak necesita relativamente poca asistencia financiera extranjera, dado que cuenta con una estructura económica apropiada. Sin embargo es imperativo que sea creada una administración competente, y que las ganancias generadas por el petróleo no sean excesivamente desviadas a pagar los préstamos que fueron hechos al régimen de Saddam.
¿Qué se debería hacer? En las últimas décadas, más de una docena de países, desde Chile, republica Checa o Polonia, han atravesado un proceso de transición de economías socialistas estancadas a vibrantes democracias de mercado.
Como resultado de esta experiencia colectiva, ahora contamos con una buena idea de lo que funciona y lo que no. Lo principal es el establecimiento del Estado de Derecho, un sistema judicial honesto, y la protección de la propiedad privada. Aquellos antiguos países comunistas que continuaron teniendo un sistema judicial corrupto e inepto han tenido un pobre desempeño económico a pesar de las considerables reformas (Rumania, Bulgaria, etc.).
Si los derechos de propiedad privada no son protegidos, pocos invertirán. Le conviene a Irak actualizar su código civil y supervisar el establecimiento de un sistema judicial competente y honesto. Afortunadamente, muchos ciudadanos que abandonaron Irak han sido educados en las escuelas de derecho mas sólidas del mundo y quizás algunos de ellos podrían volver y establecer un sistema legal viable.
Otro pilar de la reforma económica es la creación de una moneda solida y sana. Irak ha sufrido de altas tasas de inflación en años recientes pero, dada la riqueza del país, una moneda sana podría ser creada rápidamente. Una solución obvia es la de establecer una caja de conversión donde la nueva moneda iraquí sería fijada con el dólar, el euro, o quizás parcialmente al precio del petróleo. El Fondo Monetario Internacional ha ayudado a varias economías en transición a establecer cajas de conversión exitosas, y éste sería un papel apropiado para ellos en Irak.
El nivel de gasto gubernamental en Irak debería ser fijado por su ingreso petrolero bruto menos cualquier servicio de deuda que sea negociado. Irak no cuenta con un sistema tributario en funcionamiento. Al menos por el futuro inmediato, debería retrasar el desarrollo de un sistema tributario, aparte del de un impuesto sobre el petróleo.
Una vez que la economía sea revivida y funcione normalmente, el gobierno tendrá bastante tiempo para considerar si otros impuestos modestos son creados. Algunos propondrán la imposición de aranceles a las importaciones. Dada la larga historia de contrabando en Irak y sus fronteras porosas con varios países, los aranceles serían imposibles de cobrar. Hacer de todo el país una "zona de libre comercio" crearía mayores beneficios económicos con el menor de los costos.
El nuevo gobierno iraquí debería resistir la tentación de endeudarse más en la forma de préstamos del Banco Mundial o de otras instituciones multinacionales. El Banco Mundial cuenta con una larga historia de financiar proyectos dudosos donde el dinero es frecuentemente robado, mientras que los habitantes del país terminan cargando con las deudas.
Se presenta la oportunidad de dar el ejemplo a las naciones musulmanas promoviendo la prosperidad de los oprimidos a través de políticas de mercado. Un objetivo inmediato debe ser el establecimiento de derechos de propiedad, leyes contractuales y formas tradicionales islámicas de resolver disputas. Reglas comerciales consistentes con la religión musulmana son instituciones perfectamente adecuadas para promover el crecimiento económico. Restaurar la electricidad, recolectar la basura y demás servicios públicos deben conducir a que reabran los negocios pequeños de ventas al detalle. Entonces, se debe proceder a fomentar nuevas empresas en agricultura, manufactura y los servicios para crear competencia a las empresas estatales que han dominado la producción.
Tales empresas del Estado han sido un obstáculo a las reformas porque generalmente han sido corruptas y beneficiando a los cómplices del partido gobernante. Se habla de un amplio programa de privatización, pero la experiencia de las naciones ex comunistas demuestran que no es necesario. Por ejemplo, China y Polonia muestran un robusto crecimiento aunque han ido privatizando lentamente sus empresas políticamente poderosas. Esos países fomentan la fundación de nuevas industrias y permiten que tanto las firmas nacionales como las importaciones compitan con las ineficientes empresas estatales. Privatizar las empresas estatales iraquíes es mucho menos importante que ayudar a restaurar la tradicionalmente floreciente cultura empresarial de Irak, para que vuelva a alcanzar su prominencia anterior en manufactura y los servicios.
Creemos necesario establecer un programa de privatizaciones a futuro, basado en la experiencia de otras naciones. Claro que es de vital importancia acelerar la producción petrolera, ya que esos ingresos serán el principal componente del PIB de Irak. Pero no sería conveniente depender sólo de ingresos petroleros, dada la experiencia de naciones como Irán, Venezuela y Arabia Saudita que han despilfarrado esos ingresos en corrupción, gastos militares y obras grandiosas. El gobierno podrá quizás transferir las actividades petroleras complementarias a través de licitaciones abiertas, operaciones tales como mantenimiento, refinación, exploración y transporte.
Las naciones musulmanas del Medio Oriente no están condenadas a la pobreza ni a odiar a Occidente. Unas reformas apropiadas, con el objetivo de lograr una economía abierta y competitiva, lograrán el crecimiento de Irak sin mancillar las enseñanzas musulmanas fundamentales.
Las lecciones para Irak deberían ser claras. La ayuda no es una condición necesaria ni suficiente para la recuperación económica. Las experiencias de Europa luego de la guerra y partes del mundo en desarrollo en décadas recientes confirman que la libertad económica, y no la ayuda extranjera, lleva al crecimiento y a la prosperidad. La reconstrucción iraquí debería concentrarse en establecer políticas correctas e instituciones que faciliten el crecimiento lo más rápido posible. Las mismas incluyen la necesidad de una moneda estable, la libertad de comerciar e intercambiar, y derechos de propiedad para todos sus ciudadanos, incluidos los pobres.
Reconstruir Irak será mucho más desafiante que la reconstrucción europea debido a que este país no comparte la misma historia económica, cultural y legal que durante siglos llevó a Europa a la prosperidad y que fue temporalmente interrumpida por la guerra de Hitler. De hecho, si Irak no se encamina hacia la libertad económica como lo han hecho Chile, las naciones del Este asiático, y otros países en desarrollo, la ayuda al estilo Plan Marshall tan solo empeorará las cosas, aumentando la deuda en lugar del desarrollo.
|