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Los Bush en la guerra sucia
Aunque tradicionalmente los temas de política exterior resultan secundarios en las campañas electorales, en los Estados Unidos puede estar gestándose una notable excepción a esa regla general. A los ojos de muchos observadores, y al margen de que las cifras del crecimiento económico interno no pueden compensar el negativo balance cosechado en la gestión de los asuntos públicos (escándalos financieros con implicación directa de altos representantes del equipo gobernante, incremento preocupante del déficit público), la imagen resultante de la política exterior desarrollada en estos últimos años podría ser suficiente para llevar a los norteamericanos a una reconsideración global de su apoyo al candidato George W. Bush.
En el simple recuento de las tomas de postura adoptadas por el ahora candidatoen los recientes debates con el senador Kerry, se trasluce un deterioro de la imagen de quienes se perciben a sí mismos como los líderes naturales del mundo libre. El desprecio por las instituciones multilaterales, con la ONU a la cabeza, o por iniciativas multilaterales como el Protocolo de Kyoto o la Corte Penal Internacional- a las que podrían añadirse muchas otras derivadas de una visión unilateral que considera, equivocadamente, ser capaz de hacer frente en solitario a las amenazas y riesgos actuales, ha generado una creciente animadversión que ha dilapidado de forma brutal el amplísimo caudal de simpatía y solidaridad que levantó en todos los rincones del planeta el impacto sufrido el 11 de Septiembre.
Mientras Bush estaba tratando de convencer al mundo, ante una escéptica Asamblea de la ONU, de que, gracias a su guerra contra el terrorismo, la vida para los norteamericanos y para el mundo era más segura, dos civiles norteamericanos eran cruelmente decapitados en Irak. Mientras que en Rusia, todavía dolida por la masacre de niños en Beslan, se comenzaba a investigar la posibilidad de un siniestro nexo entre agentes norteamericanos y los terroristas chechenos. Sjamil Basayev, el lider de los terroristas chechenos y agentes norteamericanos, han tenido reuniones, informó el servicio Moscow news, que se lee en Internet. El propio presidente Putin hizo una alusión al respecto.
El terrorista más buscado por Rusia, el líder rebelde checheno Sjamil Basayev, ha reivindicado la autoría del sangriento secuestro en Beslan, Osetia del Norte. De las 339 víctimas, más de la mitad eran niños. En una declaración publicada en Internet, Basayev reivindicó también los recientes atentados contra el metro en Moscú y dos aviones rusos. La declaración de Chamil Basayev no ha sido ninguna sorpresa para Rusia, pues el Kremlin ya presumía la implicación de este radical caudillo de la resistencia chechena en el operativo terrorista de Beslan
Ni que decir del terrorismo en el propio Irak "liberado", que cada semana deja su sangrienta cuota de irakíes y soldados norteamericanos muertos. Las bajas ya pasan de mil soldados muertos y más de 8 mil heridos después de que el año pasado Bush, vestido de piloto de guerra, anunció desde el portaaviones Lincoln, en gesto ostentoso, que todavía es satirizado en la prensa norteamericana que las operaciones bélicas habían terminado. Y era "misión cumplida". Ese día, las bajas norteamericanas por la invasión a Irak, no pasaban de 300. La guerra en Irak, sin duda, es el tema central de la campaña electoral. Y, sin embargo, no hay indicios claros de que Bush pierda las elecciones. ¿Qué sucede?
Comenzando por el candidato opositor John Kerry, todo el que se opone o critica la conducción de esta guerra, cae en el esquema maniqueo de esta campaña política sucia interna de Estados Unidos., que consiste en denostar o estigmatizar al que no está con Bush, es atacado, acusándolo de ser débil frente al terrorismo, dejando abierta a la confundida opinión pública la necesidad de mantener un "presidente fuerte".
Pero ese maniqueísmo tiene sus riesgos, porque ahora la guerra sucia de la campaña electoral norteamericana llegó a la familia Bush, que encabeza el ex presidente George H.G. Bush y pretendía imponerse como una dinastía mesiánica y monárquica en la superpotencia histórica y tradicionalmente laica y republicana, pero que ha recibido, desde sus orígenes, influencias religiosas fundamentalistas que suelen ser tan fanáticas como cualquier secta islámica recalcitrante. Pero ahora, esa dinastía está siendo pintada como una mafia, de grandes intereses como el petróleo y la industria bélica, pero una mafia al fin, al más puro estilo de las descripciones de Mario Puzo, autor de "El Padrino".
El hombre pasa su vida en razonar sobre el pasado, quejarse de lo presente y en temblar por lo venidero.- Ricarol
Una mafia que va creciendo como el principal peligro para la paz y la libre convivencia en la globalidad, tanto o más peligrosa que los terroristas islámicos de Osama bin Laden y tan fundamentalista como la más fanática de las sectas islámicas.
Aunque se han publicado libros de serios y potencialmente demoledores como los escritos por el periodista Bob Woodward y el ex asesor de terrorismo de la Casa Blanca, Richard Clark, el presidente Bush ha preferido ignorar las alusiones a las grandes fallas de la guerra contra el terrorismo y a la trama de mentiras para justificar la guerra en Irak, y parece no sufrir los golpes.
Como escribió el sesudo analista de la revista electrónica "Slate", William Saletan, Bush padece de incapacidad casi patética para asumir las realidades de la globalidad. Quizás la explicación la da el analista en el periodico electrónico Slate, de MSN de Bill Gates. “En sus intervenciones publicas, conferencias de prensa, mensajes de TV, el presidente Bush ha manifestado una serie de psicopatologías: Una nocion abstracta de la realidad, poca confianza en la relación entre hechos y circunstancias y una concepción de credibilidad que no requiere correspondencia con el mundo externo”. Esta noche (Saletan comentaba la intervención de Bush con motivo del problema de la prision de Abu graib) Bush demostró otro defecto mental: incomprensión en su rol en la historia como un agente humano que puede fallar.Bush no puede arreglar sus problemas porque ni siquiera puede admitir que se equivocó. Con razón su padre ve, todavía ahora, el problema de Irak como “muy grande”.
En verdad, su actitud de oídos sordos le sirve para sortear la tormenta mientras envía a sus cancerberos, Dick Cheney y Karl Rove, a lanzar una brutal campaña de desprestigio contra el candidato demócrata John Kerry. Pero esta estrategia de "guerra sucia" en la política norteamericana, también está tocando a Bush. Recientemente se ha publicado un libro titulado "Family. The real story of the Bush dynasty", de la conocida autora de biografias de personalidades famosas, Kitty Kelley. Kelley ha escrito otras biografías polémicas, como la de Frank Sinatra, que fue desautorizada o de figuras de la corona británica. Pero es una paciente recolectora de chismes y datos precisos, que escribe sobre los sentimientos y las debilidades humanas. Es una Corin Tellado que escribe sus dramas sobre personajes de la vida real. En su librote de 700 páginas, puso énfasis sobre la lucha contra la adicción alcohólica de Bush y que no solo usaba cocaína, sino que lo hacía en familia.
Tambien ha sufrido los fuertes y certeros embates de las criticas de Michael Moore plasmados en su documental FARENHEIT 9/11, a donde el productor trata de probar que la vida de George W. Bush ha sido una cadena de fracasos, recubiertos de la gloria de un patriarca petrolero ligado al mundo arabe. La película ha sido todo un éxito y muchos se preguntan si logrará torcer la voluntad de los estadounidenses contra el actual Presidente. Lo cierto es que los espectadores de la película son mayoritariamente demócratas; pero si bien los principales líderes demócratas no se han apoyado en este documental, sí otros representantes del partido, por lo que algunos ya les están advirtiendo del peligro de radicalizarse en exceso y perder apoyos por el centro.
En el fondo señalan los críticos, todo el estilo tergiversado y sucio que Bush ha permitido se lance contra Kerry y sus rivales u opositores, se ha vuelto contra él. Pero eso no es garantía de que no seguirá siendo el hombre más poderoso de la desordenada globalidad.
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