¿Se dividirá Irak?

 

No conocemos lo verdadero si ignoramos la causa. Aristóteles

 

El traspaso de poder en Irak, no complace ni a la tesis de los neoconservadores de Washington, ni a la dócil izquierda europea. Por lo pronto Irak, no es ni la capital democrática de ese soñado Medio-Oriente que desde Washington los halcones creen imponer, así como tampoco es el hervidero de la insurrección popular moderna que le haría frente al gran demonio norteamericano.

La puesta en escena no ha podido ser más eficaz, Estados Unidos consiguió transmitir a buena parte del mundo, incluido desde luego su auditorio, la sensación de que los iraquíes han recuperado su soberanía a pesar de que algunos poderes esenciales seguirá ejerciéndolos en exclusiva la potencia ocupante. Las tropas estadounidenses se encargarán de vigilar y mantener la seguridad en todo el país, por encima de las autoridades locales, pero la gestión de los recursos energéticos, principal fuente de ingresos de Irak, continuará a cargo de las trasnacionales con sede en Washington y sus múltiples patrocinadores políticos.

Por ahora, Irak, es un país que apenas comienza a recobrar su soberanía enjuiciando a Saddam Hussein. Claro está, la lista de problemas por resolver con carácter de urgencia, por parte del nuevo gobierno, es enorme; seguridad, restablecimiento del aparato de Estado, pasando por la reconstitución del ejército; todo ello teniendo como común denominador la reintegración de miembros del partido Baas, a través de una suerte de tacita amnistía, de la cual el mismo primer ministro Alawi como antiguo miembro de ese partido es uno de los principales beneficiados.

Sin embargo recientemente los neoconservadores sufrieron un duro golpe, cuando sus oponentes desde la CIA pusieron a circular en Internet las fotos que mostraban los abusos cometidos por los marines en la prisión de Abu Ghraib; se buscaba la cabeza del secretario de defensa Donald Rumsfeld, sin embargo rodaron las de Tenet director de la CIA, y la del primer ministro iraki Chalabi quien quedó fuera del nuevo gobierno.

En mayo de 2004, el periodista norteamericano Seymur M Hersh publicó una serie de artículos en los cuales describía y mostraba vergonzosas fotografías sobre las torturas infligidas por miembros de la Policía Militar de los Estados Unidos a detenidos iraquíes. Hay aseveraciones según las cuales personal contratado no-militar contribuyó a las torturas, así como la ejecución de órdenes de inteligencia de la CIA de “preparar” a los prisioneros para los interrogatorios. Se mencionó que ello era una práctica usual en otras prisiones, tales como en Afganistán y Guantánamo. Hersh fue más allá al publicar un artículo en el que sostenía, que los abusos eran parte de un programa de interrogación secreto, conocido como Copper Green, extendido hacia Irak con el visto bueno directo del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, para controlar la creciente insurgencia de la población. El Gobierno de los Estados Unidos siempre negó tales acusaciones.

El Gobierno de transición, ha sido resultado de intensas negociaciones entre el procónsul Paul Bremer, las distintas facciones iraquíes y el representante de Naciones Unidas. Pero obviamente, fue una negociación desnivelada en origen, desde el momento en que Estados Unidos descartó cualquier acuerdo entre iguales al establecer como inamovibles sus competencias en materia de seguridad y administración petrolera con tal de que su autoridad permaneciera intocable una vez se hubiera realizado la transacción. Naciones Unidas, tras la resistencia de algunos miembros de su Consejo de Seguridad a convalidar la invasión, legitimó finalmente a Estados Unidos con una resolución (1546) que transforma de un plumazo a la potencia ocupante en fuerza multinacional, concediendo a ésta la última palabra en todo lo relativo a “las operaciones ofensivas de naturaleza delicada” y otorgando al gobierno interino las facultades necesarias para el desarrollo de las fuerzas de seguridad iraquíes. Así las cosas, y convenientemente apartado de las grandes ligas, el equipo de Alawi tendrá como misión preparar al país para las elecciones que se celebrarán previsiblemente en enero del año que viene, además de encargarse de la desmovilización o reabsorción de los más de cien mil milicianos de todas las tendencias que sobreviven en Irak.

Tras el publicitado traspaso de poderes aun permanecen allí 130 mil soldados estadounidenses y varios cientos de asesores de esta misma nacionalidad, lo que expresa a las claras que hemos asistido a una devolución de soberanía mucho más virtual que efectiva. El nombramiento de John Negroponte como embajador de Estados Unidos en Irak, y su perfil de halcón consumado en los últimos años de la Guerra Fría, refuerza la tesis de que Washington se halla dispuesto a mantener el control en esa nación después de hacer unas cuantas concesiones de cara al mundo. Por supuesto, las elecciones que tendrán lugar en noviembre en Estados Unidos, en las que George W. Bush se juega su reelección, han pesado sobremanera en este cambio de decorado con el que Washington pretende también perder visibilidad o, lo que es lo mismo, sustraerse en la medida de lo posible al implacable rastreo mediático al que está siendo sometido por los destrozos y secuelas de una guerra mucho más costosa de lo que imaginaban sus mejores adivinos.

En reciente artículo del 28 de junio de 2004, Hersh publica el resultado de numerosas entrevistas realizadas a funcionarios y diplomáticos de Europa, Estados Unidos y el Medio Oriente sobre los intereses geopolíticos que podrían conducir al desmembramiento de Irak, en dicho documente sale a la luz la idea de dividir a Irak en tres zonas. En julio de 2003, dos meses después de haber finalizado la campaña militar estadounidense en Irak, los israelíes, entusiastas defensores de la misma, comenzaron a alertar a la Administración Bush sobre el surgimiento de una fuerte insurgencia durante la ocupación. La inteligencia israelí había detectado que los insurgentes, nativos y extranjeros, recibían apoyo de Irán, a través de la desprotegida frontera entre Irak e Irán. Sugirieron a los Estados Unidos sellar los mil cuatrocientos kilómetros de la frontera. Se sospechaba, que los iraníes crearían organizaciones sociales y de caridad encubiertas y que las emplearían para reclutar adeptos a fin de lanzarlos en ataques armados contra las fuerzas de ocupación. La frontera permaneció abierta. Los hechos han demostrado lo acertado de la información israelí.

Los funcionarios entrevistados le contaron a Hersh que Israel había llegado a la conclusión de que la administración Bush era incapaz de democratizar o de lograr la estabilidad de Irak, por lo que Israel necesitaba otras opciones en la región. El gobierno del Primer Ministro Sharon decidió, de manera independiente, minimizar el daño que la guerra le causaba a Israel en sus posiciones estratégicas expandiendo sus relaciones con los curdos de Irak y estableciendo una presencia significativa en la región semi-autónoma de Curdistán movimiento temerario que podría crear más caos y violencia a medida que creciera la insurgencia iraquí.

Inteligencia israelita y operaciones militares son ahora actividades comunes en Curdistán, tales como el entrenamiento de unidades de comandos curdos y, más importantes para Israel, la ejecución de operaciones encubiertas en las áreas curdas de Irán y Siria. Israel se siente particularmente amenazado por Irán, cuya posición en la zona se ha fortalecido por la guerra. Las operaciones israelitas incorporan a miembros de su servicio de inteligencia Mossad en Curdistán, encubiertos como hombres de negocios que, en algunos casos se desplazan sin pasaporte de Israel. Las partes involucradas callan o simplemente niegan las informaciones.

La decisión de Israel de afianzar su presencia en Curdistán, conocida como Plan B, ha generado tensiones entre Israel y Turquía y provocado una nueva alianza entre Irán, Siria y Turquía, países en los cuales existen significativas minorías curdas. Los turcos están preocupados por la creciente presencia israelita en Curdistán y el supuesto estímulo a las ambiciones curdas de crear un Estado independiente, así como la observación de que las operaciones de la inteligencia israelita en el norte de Irak incorporan también actividades contra sirios e iraníes, incluyendo el soporte a curdos sirios e iraníes que son opositores a sus respectivos gobiernos.

Es de recordar, que para los curdos el Curdistán histórico se extiende más allá de la frontera de Irak con partes de Irán, Siria y Turquía, naciones que temen, a pesar de garantías públicas en contrario, que Curdistán declare su independencia del gobierno interino de Irak, si las condiciones no mejoran después del 30 de junio de 2004. Existen temores de que los curdos se movilicen para capturar la ciudad de Kirkuk junto a las substanciales reservas de petróleo en sus alrededores. Kirkuk es dominada por los árabes-iraquíes, muchos de los cuales fueron reubicados allí hace casi tres décadas, como parte de la campaña de Hussein de “arabizar” la región. Pero los curdos consideran a Kirkuk y su petróleo como su patria histórica. Si Kirkuk es amenazada por los curdos, los insurgentes sunitas y los turcomanos se movilizarán hacia allí produciéndose un baño de sangre, según un experto militar estadounidense. Aún si los curdos toman Kirkuk no podrán transportar el petróleo fuera de Irak, porque todos los oleoductos corren por tierra sunita-árabe.

Un Curdistán independiente con suficiente petróleo aumentaría la inestabilidad en el Medio Oriente, independientemente de lo que suceda luego en Irak. Algunos sectores de la administración Bush, encabezados por el Subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz aceptarían un Curdistán independiente, lo que según analistas sería un error, ya que equivaldría a la creación de un nuevo Israel, un Estado separado en medio de naciones hostiles. Una declaración curda unilateral de independencia dispararía una inmediata respuesta turca, posiblemente una guerra y arruinaría lo que ha sido una importante alianza para Israel.

En la última década Israel y Turquía han establecido fuertes lazos diplomáticos y económicos. Sin embargo, la oposición turca a la guerra de Irak ha hecho muy tirantes dichas relaciones. Pero Turquía permanece orientada hacia Occidente, particularmente a través de la OTAN. En contraste, las relaciones entre Turquía y Siria han sido tensas durante años, en ocasiones próximas a confrontaciones abiertas e Irán y Turquía han sido tradicionales rivales de la región. La ruptura de la alianza turco-israelita sería un gran revés para la región. Sin embargo, con la excepción de Curdistán, los israelíes ven como hostil a toda la región. Israel está convencido de que Irán, conducidos por una rígida teocracia, se encuentra a punto de desarrollar armas nucleares y que, con la ayuda de Siria, planea reforzar el terrorismo palestino si Israel se retira de la franja de Gaza.

El objetivo inmediato de Israel para después del 30 de junio de 2004 es reforzar las unidades de comando curdas para contrarrestar a las milicias shiitas, o en caso de que una milicia fanática sunita del partido Bass tomara el control, los israelíes no dudarían en lanzar a los curdos contra ella. Las fuerzas armadas curdas tienen unos setenta y cinco mil miembros, una fuerza beligerante, bien armada y muy superior a las milicias sunitas y shiitas juntas.


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