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Ronald Reagan: la beatificación del actor a leyenda
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto
toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Oscar Wilde
Los funerales del ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan han dado lugar a una suerte de beatificación laica de la que muchos esperan beneficiarse, empezando por el actual titular de la Casa Blanca, George W. Bush, cuyo padre, también ex presidente, fue compañero de campaña y trabajo y fiel (aunque no siempre feliz) vicepresidente de Reagan durante dos periodos: (1980-1984) y (1984-1988).
Dos presidentes marcaron de manera radical la historia de los Estados Unidos en el siglo XX: Franklin D. Roosevelt y Ronald Reagan. El primero, prócer y liberal, murió hace casi 60 años. El segundo, plebeyo y conservador, acaba de morir 15 años después de su paso por la Casa Blanca.
Muchos nos hemos preguntado, quién era este hombre, cómo pudo dejar una huella tan profunda, para bien y para mal, siendo un hombre de modesta inteligencia, sin formación intelectual reconocida y de un bajo nivel cultural que no disimulaba.
De entrada puede afirmarse que así como Roosevelt ganó la Segunda Guerra Mundial, Reagan ganó la Guerra Fría. Eso lo sostienen desde la derecha recalcitrante hasta la izquierda ortodoxa.
Así como el talentoso heredero de una gran dinastía política, educado en Harvard y conocedor del mundo, sacó a su país de la Gran Depresión y organizó las bases del "New Deal" o "Nuevo Acuerdo", es decir del Estado social e interventor; así también el muchacho pobre transformado en actor de Hollywood, logró vitalizar el orgullo norteamericano, impulsar el paradigma del conservatismo económico que aún impera y, por si fuera poco, propinarle el golpe de gracia al imperio soviético.
El legado de Roosevelt, ídolo indiscutido del partido Demócrata, se mantuvo vigente hasta el ascenso arrollador de Reagan, nuevo símbolo del partido Republicano, a partir de la década de los 80. Entre 1932, cuando Roosevelt, ganó por primera vez la presidencia, y hasta la victoria de Reagan sobre Jimmy Carter, transcurrieron 48 años durante los cuales en 32 los Demócratas ocuparon la Casa Blanca.
Reagan era un hombre de razonadas y profundas convicciones, escribió su antiguo secretario de Estado, George P. Shultz, en el prólogo del recién publicado libro, "Reagan: un vida en cartas". Partidarios y detractores se agruparían en esa observación. Incluso su archirival del la Guerra Fría, Mijail Gorbachov, estaría de acuerdo.
Con no más de 3 o 4 "ideas fuertes", el llamado "gran comunicador", siempre subestimado por sus adversarios, consiguió articular una visión nacional para los Estados Unidos. Una visión que modificó las coordenadas del debate público y que capturó la imaginación de sucesivas mayorías electorales. Predominio militar y político, libertad de mercado, tradicionalismo social, he aquí los fundamentos de una "doctrina" que, luego de un cuarto de siglo, esta siendo superada por el péndulo de los cambios históricos.¿Quién fue este hombre? Acaso un héroe popular que encarnó la reivindicación del patriotismo gringo. Acaso un demagogo que sabía aprovechar los temores y las ilusiones de su pueblo. Acaso un visionario capaz de cambiar realidades con fórmulas simples y directas. Acaso un dogmático empeñado en dividir al mundo entre buenos y malos.
El tiempo irá dando su sentencia. Pero al igual que con la leyenda de Franklin D. Roosevelt, que la historia no ha hecho sino cultivar, la memoria de Ronald Reagan de seguro que también perdurará. Los norteamericanos atraviesan por un periodo electoral y cada gesto tiene un valor: se trata de mostrase magnánimo, de no asustar a nadie y hasta que no se pruebe lo contrario elogiar a un presidente muerto nunca ha perjudicado a candidato alguno. A primera vista, quien más puede ganar en este estado de cosas es el propio George W. Bush, al fin y al cabo republicano de convicciones firmes, como lo era el propio Reagan. Sin embargo, conviene no simplificar, Bush carece del magnetismo contagioso de Reagan y todavía falta mucho para las elecciones de noviembre como para concluir que puede sacar partido de este suceso.
Las principales revistas mundiales ilustraron su portada con la foto de Reagan e incluso algunos diarios vendieron suplementos extras sobre la vida del ex mandatario y su famosa frase en Berlín, señor Gorbachov, derribe este muro.
Por otro lado algún observador satírico de la escena política en Washington, dijo que después de muchas películas malas o peores, la mejor actuación de Reagan fue como presidente en la Casa Blanca. En efecto, siempre hubo bromas pesadas para Reagan por el film “Tiempo de cambio para Bonzo’, que protagonizó con un chimpancé. Y, se decía, nunca se supo cual actuación fue peor. Pero, una vez en la presidencia demostró una gran capacidad dramática y mucho ingenio, tanto, como para levantar el espíritu de una nación que venia saliendo de las crisis del gobierno de Nixon y de la Guerra de Vietnam.
Incluso los analistas opinan que al desviar la atención de los medios hacia los funerales de Reagan, dejando atrás temas que comprometían al gobierno como las torturas de prisioneros iraquíes y las dificultades en Irak, el presidente George W. Bush se podría ver beneficiado.
También el actual mandatario se estaría beneficiando señalaron algunos politólogos en un nivel más político, cuando se le compara con Reagan. Otros comentaristas conservadores dicen que la "búsqueda por la libertad" de Bush es similar a la de Reagan. Y los legisladores republicanos no se quedan atrás para hacer este tipo de comparaciones; "ambos eran muy similares en filosofía, en su creencia en Dios, en su fe, en quienes son.
Los demócratas por su parte, no han tenido opción más que guardar silencio y también unirse a los elogios al ex mandatario, aunque hay algunos intelectuales, sobretodo los expertos en América Latina, que no pueden creer lo que escuchan. El fenómeno de recuperación ha sido tan profundo que nadie se atreve a apartarse del discurso dominante: Reagan restauró la confianza y el prestigio de Estados Unidos, achicó el gobierno y terminó con la guerra fría. Que ese tipo de elogios vinieran de los políticos republicanos no debería sorprender a nadie, pero que ni los ex presidentes Carter y Clinton se hayan atrevido a apartarse de él, ni tampoco el casi seguro candidato demócrata John Kerry dice mucho del estado de animó en el que se encuentran los norteamericanos.
La presidencia de Reagan enfrentó su peor momento en 1986, cuando se conoció que Estados Unidos vendió armas a Irán para financiar y entrenar a los contras, pese a la prohibición del Congreso estadounidense, en lo que se conoce como el escándalo "Irán-Contra". Según las investigaciones del Congreso estadounidense, el gobierno de Reagan a través de la venta ilegal de armas a Irán (a cambio de la libertad de rehenes en Líbano) apoyó a los "contras" nicaragüenses para desestabilizar al gobierno sandinista. También existió el escándalo de los "escuadrones de la muerte" en Honduras. Cuando Reagan derrotó al demócrata Jimmy Carter, en noviembre de 1980, los sandinistas llevaban más de un año en el poder en Nicaragua tras haber derrocado el régimen de Anastasio Somoza.
Por otra parte, grupos guerrilleros se estaban conformando en El Salvador, Honduras y Guatemala, y el presidente de Cuba, Fidel Castro, había dicho que otros países latinoamericanos pronto se convertirían al socialismo. Reagan vio esto como una creciente amenaza para la seguridad de Estados Unidos y lanzó su propio contraataque. Sus admiradores consideran que sus políticas frenaron el avance del comunismo en el continente, mientras que sus detractores lo acusan de profundizar la violencia.
Para algunos, las políticas de Reagan marcaron un giro en la manera de concebir las relaciones exteriores. Lo que en la Guerra Fría eran políticas de contención, pasaron a ser de disuasión. El gobierno de Reagan planteó las guerras de baja intensidad, la lucha antisubversiva, y la articulación de la lucha contra el narcotráfico. Para otros analistas, la política de Reagan con Latinoamérica demostró una voluntad de aplicar medidas ilegales para confrontar el reto izquierdista en esa región. Las críticas más fuertes al gobierno de Reagan se relacionan con la intervención estadounidense en Nicaragua, donde la guerra civil dejó más de 50.000 muertos y se prolongó durante más de una década.
El gobierno de Reagan autorizó a la CIA para brindar apoyo a los "contras", que se oponían al gobierno de los sandinistas y operaban desde Costa Rica y Honduras. Según Marcos Roitman, la ayuda a Nicaragua representó "la primera vez en la historia de Estados Unidos que el país dedicó fondos públicos a revertir un proceso como el nicaragüense, armando a la contra.
Actualmente, las reacciones nicaragüenses a la muerte del ex presidente muestran el contraste entre las opiniones sobre la gestión estadounidense en el conflicto. El ex presidente y líder sandinista Daniel Ortega, dijo que "es lamentable la muerte de un ser humano, pero es más lamentable que cuando ese ser humano estuvo ejerciendo un poder tan grande que es el poder de ser presidente de los Estados Unidos, haya cometido crímenes".
Adolfo Calero, quien era miembro del directorio político de los "contras", resaltó la labor de Reagan y dijo que "el problema de Nicaragua representaba un asunto de seguridad nacional para los Estados Unidos. Había una avanzada comunista y él no estaba dispuesto a tolerarla".
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Críticas y alabanzas también se despertaron en El Salvador, donde el grupo guerrillero Frente de Liberación Farabundo Martí se opuso al gobierno durante un conflicto con una duración de 12 años que terminó con la firma de unos acuerdos de paz en 1992. El gobierno de Reagan alcanzó a entregar 3 mil millones de dólares en asistencia al gobierno salvadoreño.
Ahora el gobierno de Bush está lavando en sentido figurado el legado de Reagan y el papel que jugó en las iniciativas de los últimos años en una escandalosa política exterior, señaló Jessica Leight, analista del Consejo de Asuntos Hemisféricos, en Washington. Es más, el pesar, y sentimiento de pena que recorre ese país no implica que también conlleve un aumento de la popularidad de Bush: las últimas encuestas indicarían más bien lo contrario, la gente sigue preocupada por la conducción de su política exterior, y el descontento pasó del 55 al 58 por ciento esta segunda semana de Junio.
En todo caso, resulta interesante asistir al espectáculo de la disputa por el legado -real o imaginario- de Reagan: casi nadie se acuerda de sus salidas erráticas, y menos aún del episodio Irán-contra, o de su política en América Central, para no hablar del Golfo Pérsico.
Curiosamente, Reagan es el héroe del momento. Nadie se atreve a pensar mal del difunto porque no se puede hablar mal de los muertos. Esto en el sentido respetuoso es cierto pero finalmente serán sus obras quienes hablen por ellos.
Este fervor contiene un mensaje ambiguo: la opinión pública rinde homenaje a un presidente republicano, es cierto, pero también está sedienta de una figura patriarcal que le infunda una tranquilidad que le está faltando. Muchos estadounidenses lloran la desaparición de una especie de abuelo distante y benévolo, pero no encuentran refugio seguro entre quienes se proclaman sus directos sucesores. Y de todos modos, como decíamos al principio, la memoria de este país es más corta y selectiva de lo que parece y de aquí a noviembre pasaran muchas cosas antes del resultado electoral.
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