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La evaluación educativa: lecciones y desafíos futuros
Tenemos la necesidad de lanzar una mirada hacia nuestro país, para medir sus logros y precisar, dentro de una perspectiva actual, sus exigencias más perentorias. Especialmente en el campo de la educación, que ha sido una de las tareas más ingentes del Estado mexicano, conviene reflexionar sobre nuestras realizaciones.
Martín Bulmaro Álvarez Salgado |
En nuestro artículo anterior discutimos acerca de los sistemas de evaluación educativa y concluimos que Chile y Argentina cuentan con los métodos más amplios y mejor administrados de América Latina. Chile con el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) ha demostrado también el mayor compromiso de largo plazo con el desarrollo de evaluaciones, este hecho confirma que sea ese país el que ha tenido los mayores avances en la utilización de las evaluaciones en el área del diseño de las políticas, la reforma curricular y el mejoramiento de las escuelas.
Pese a estos logros aún quedan muchos aspectos que mejorar incluso en la región. En particular, aún no se han establecido objetivos de aprendizaje claros a nivel nacional y sólo recién se están iniciando esfuerzos sistemáticos por “compatibilizar” la currícula, los textos escolares y la pedagogía utilizada en la sala de clases. Chile y Argentina también han hecho avances en la integración de las evaluaciones en un sistema amplio de supervisión y evaluación. (1)
En el caso de México entre los principales problemas que requieren atención se encuentran la generalizada renuencia a divulgar los resultados de las evaluaciones, el enfoque “intermitente” con respecto a su aplicación, el excesivo número de pruebas aplicadas; el lento progreso en la utilización de las evaluaciones para la reforma de las currículas y las políticas. Un problema que requiere un análisis mas profundo es que en esas pruebas se han utilizado preguntas de opción múltiple más que preguntas de rendimiento o de interpretación abierta.
En los últimos años, Estados Unidos de Norteamérica ha ido incorporado cada vez más las preguntas de interpretación abierta en sus pruebas de rendimiento, en tanto que Europa se ha concentrado en mejorar la confiabilidad y validez de los instrumentos de medición. Por el contrario, la mayoría de los países de América Latina todavía favorecen las evaluaciones del tipo “selección múltiple”. Los países de la región debieran por lo menos explorar los enfoques más nuevos con respecto a las pruebas. Sin embargo, no podrán hacerlo si aquéllas personas que califican las pruebas no cuentan con una cabal capacitación en los procedimientos pertinentes.
Otro punto que debe tomarse en cuenta es que, los alumnos que cursaban los últimos años de la educación básica y aquellos que asistían a la educación secundaria obtuvieron puntajes muy por debajo de las expectativas de los educadores e investigadores profesionales. Los estudiantes con los mejores puntajes provenían de escuelas urbanas y privadas y tenían padres con un mayor nivel de educación.
En general, entre las principales lecciones aprendidas y desafíos para el futuro se incluyen los siguientes: (a) la importancia de un consenso nacional y un compromiso de largo plazo; (b) la importancia de centrarse explícitamente en el uso de las evaluaciones como herramientas para mejorar el aprendizaje; (c) la necesidad de generar capacidades y competencia técnica y (d) la necesidad de obtener beneficios de los adelantos e innovaciones provenientes tanto de América Latina como de otras regiones, especialmente a través de programas de pruebas internacionales.
Es preciso incluir a los profesores en el proceso de evaluación desde el comienzo si se desea que las evaluaciones tengan impacto en la educación. En México algunos profesores tienden a ser observadores pasivos o incluso a oponerse a las evaluaciones. Las asociaciones gremiales no deben temer que las evaluaciones sean utilizadas para recompensar o castigar a los profesores, puesto que el alumnado varía tanto de un año al otro que la calidad de la enseñanza siempre será difícil de medir con precisión, como lo demuestra la experiencia en Francia, Estados Unidos y México. Si las evaluaciones se visualizan como una herramienta para evaluar a las escuelas y a los sistemas escolares locales en lugar de los profesores, tanto los padres como los profesores y los administradores estarán mejor capacitados para trabajar conjuntamente como equipo con el fin de mejorar los puntajes en el rendimiento a nivel de las escuelas.
Un compromiso con la transparencia también requiere un enfoque sistémico para abordar la supervisión y la evaluación. Al respecto, debe entenderse que las evaluaciones sólo miden el rendimiento de los estudiantes y es poco lo que nos dicen acerca de la magnitud y las causas de la deserción y la repetición, mediciones de los insumos escolares y estimaciones de los recursos mínimos que cada escuela debiera tener, observaciones sistemáticas de los procesos escolares y estudios del desempeño de los egresados de las escuelas en el mercado laboral.
El mayor desafío para el futuro será asegurar que las evaluaciones se utilicen precisamente como herramientas para mejorar la calidad de la educación. Las evaluaciones pueden influir en muchos elementos del sistema educacional, incluidas las políticas educacionales nacionales, los programas de reforma educativa, las currículas educativas, las decisiones de los padres, estudiantes y profesores, las políticas educacionales locales y regionales y la pedagogía y los programas a nivel de las escuelas.
Tres áreas de particular importancia en México en las cuales pueden utilizarse las evaluaciones son las siguientes: primera: el refuerzo de la homologación del currículum que se pretende aplicar, el currículum que realmente se aplica, los textos escolares, los conocimientos de los profesores, la pedagogía en la sala de clases y el aprendizaje, segunda: la orientación de los recursos a las escuelas más necesitadas particularmente aquéllas que se encuentran en las áreas rurales y en los barrios más pobres de las zonas urbanas. Dicha actividad puede llevarse a cabo siguiendo el modelo del “Programa de las 900 escuelas” aplicado en Chile, que está explícitamente dirigido al mejoramiento del rendimiento de las escuelas que han obtenido los peores puntajes. Y tercera: el estímulo a la responsabilidad y la recompensa de los logros a nivel de las escuelas.
Esto requerirá, entre otros elementos, determinar el “valor agregado” de la escolaridad, identificando aquellas escuelas que obtienen un puntaje mayor que el esperado en atención a los antecedentes socioeconómicos de los alumnos, con recompensa para las escuelas “eficaces” y motiva a las demás escuelas a reproducir las características de dichos establecimientos. Este enfoque elimina también el sesgo en contra de las escuelas que se encuentran en barrios pobres. Hasta la fecha, Chile es el país que más ha avanzado en el reconocimiento y estímulo a dichas escuelas.
En la mayoría de los países de América Latina, sería muy difícil para el gobierno federal implementar un programa de evaluación directamente en el largo plazo, como se hizo en Francia. Una estrategia más apropiada para México sería fomentar la creación de organismos de pruebas competentes independientes del gobierno, manteniendo un organismo gubernamental pequeño, especializado y altamente eficiente en la función de supervisar dichas actividades. Colombia parece haber desarrollado una sólida asociación de este tipo entre el sector público y el sector privado.
Si se desea que las evaluaciones sean eficientes como herramientas para medir lo que se pretende que midan, se requiere un alto nivel de conocimientos especializados. De lo contrario, es muy fácil que presenten deficiencias. Los gobiernos y fundaciones también necesitan fomentar centros de postgrado de excelencia en el área de la docencia y la investigación en la región.
En especial, existe la necesidad de apoyar las investigaciones independientes basadas en los datos de las evaluaciones, que constituyen una rica fuente de información sobre todos los aspectos de la educación relacionados con los alumnos, los profesores y las escuelas. Para obtener los mejores resultados, estas investigaciones deben basarse en las técnicas analíticas más modernas.
Las evaluaciones no servirán para mejorar la calidad de la educación a menos que todos los involucrados concuerden en la importancia de mejorar la calidad y en la necesidad de informar los resultados de las evaluaciones de una manera amplia, oportuna y fácilmente comprensible a todos los participantes en el proceso (es decir, de manera “transparente”). Este consenso debe representar una coalición entre los profesores, los padres, los administradores y los líderes empresariales y políticos. Debe persistir en el tiempo y contar con el respaldo de las más altas autoridades de gobierno; sin embargo, sus decisiones no se deben ver influidas por los compromisos políticos.
Tal vez la lección más importante a la fecha es que la necesidad de llevar a cabo evaluaciones ya no debiera ser un tema de debate en nuestro país. Por el contrario, necesitamos establecer objetivos educacionales, determinar si los estudiantes, las instituciones y los sistemas escolares están cumpliendo sus objetivos y, luego, establecer programas tendientes a asegurar que dichos objetivos se cumplan finalmente.
(1) Una Evaluación Educativa. Muestra de países de América Latina y del mundo desarrollado. Agosto del 2000.Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C.
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