Al igual que los sueños de la mente
van al mundo vestidos de mil formas,
unos, ricos, jubones engarzados
de sartas de brillantes;
otro, pobres, con telas desgastadas
y con sangre,
al igual de mi pecho los latidos
amorosos brotaban
muy distintos.
Unos, puros, clamaban sólo un beso;
otros, carne, brillaban de lujuria.
Pero todos pasaron cual los sueños
con el alba se airean de la vista.
Los más pobres se fueron con los ricos
y cambiaron sus ropas entre sí.
No recuerdo,
no sé ya cuál me daba
amor virgen
o torpe frenesí.
¿Cuáles penas causaron en el alma,
quiénes llanto engendraron de cariño?
¡No lo sé!
No recuerda mi alma en la penumbra
que separa la noche
del claro amanecer.

 


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