No saldrán ya las flores al abrazo
de los besos que no quisiste dar;
no reirán ni los cielos ni la tierra
contemplando el amor que no ha lugar.

Ya no oiremos los mágicos sonidos
que el jilguero difunde en su trinar.
Ya no oiremos las olas en la playa,
en la noche, los dos mirando al mar.

Ya no habrá ni alegría ni tristeza
en el pecho que no te pudo amar.
Ya no habrá más que hiel y llanto amargo
en los labios que nunca has de besar.

 

 

 

 

 

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