Reina de las cortes del Olimpo,
bella diosa,
acoge mis plegarias con agrado,
no seas desdeñosa.

Sonríe con tus labios cual rubíes
a quien tan sólo llora.
Concede de tus manos las caricias
que el mísero ambiciona.

Reina de riquezas virginales,
mi señora,
mira con tus ojos complacida
al que ante ti se postra.

Dame los favores y los besos
que atesoras;
dame tú la vida, no sumerjas
mi pecho en la congoja.

 

 

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