De
unos labios los besos ansío
pero, cautos, la dicha me niegan.
¿Al fin cuándo podré de tus besos
ser el dueño que mi alma desea?
De unos ojos hermosos, reflejo
han de ser estos ojos lascivos
que, a su encuentro, habrán de tornarse
otra vez en los dulces que han sido.
De una vida dicho y sin mancha
he de ser yo quien rija el destino
para, así, transcurrirla a tu lado
sin que deje, por nada, el camino.
Y tras ella, ¿qué más ambiciones
que la dicha tranquila y eterna?
¡Qué más puedo pedirle a la vida!
¿Es que existen aún cosas más bellas?
A
poema anterior
A
Menú A
poema siguiente |