Y Dios
miraba desde el Cielo
sufrir sus criaturas.
A unas les cargaba
de penas y congojas.
A otras aliviaba
de llanto y de zozobra.
Mas vio cómo un ser joven
vivía sin problemas
y quiso sojuzgarle:
Le convirtió en poeta.
Y rayos y tormentas,
amargas ondas turbias
surgiendo de los mares,
columnas llameantes,
temblores de la tierra
que dejan a la vista
las tumbas y aquelarres,
fatigas y tormentos,
lanzó sobre sus ojos.
¡Dejóle luego solo!
Y el pobre vivió triste,
buscando en sus cuadernos
la fe que no tenía
en un Señor Eterno.

Murió sin hallar gloria,
soñando que, tras muerto,
la fama le alcanzase.
Mas el Señor, riendo
de la ambición humana,
dejó que sus tesoros
se fueran con el tiempo.

 

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