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Dios miraba desde el Cielo sufrir sus criaturas. A unas les cargaba de penas y congojas. A otras aliviaba de llanto y de zozobra. Mas vio cómo un ser joven vivía sin problemas y quiso sojuzgarle: Le convirtió en poeta. Y rayos y tormentas, amargas ondas turbias surgiendo de los mares, columnas llameantes, temblores de la tierra que dejan a la vista las tumbas y aquelarres, fatigas y tormentos, lanzó sobre sus ojos. ¡Dejóle luego solo! Y el pobre vivió triste, buscando en sus cuadernos la fe que no tenía en un Señor Eterno. Murió sin hallar gloria,
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