Solo.
Vagando en el camino,
bebiendo de las ciénagas
de líquido nocivo.
Solo.
Sin astro que me guíe,
sin llanto de Selene
que a mis cansados ojos
ilumine.
Solo.
Tan solo como el ave
se queda en el invierno,
mientras que, helado, el aire
el nido va royendo
como teniendo hambre.
Solo.
Tan solo como un muerto
se queda en las entrañas
del lúgubre terreno.
Y el frío me traspasa
calando hasta los huesos
al ver cómo la lluvia
golpea contra el suelo.
Sin una mano amiga,
sin un fugaz consuelo,
sin el amor que tuve,
sin el amor que ya no tengo.
¡Si el viento del otoño
llevase mis recuerdos!
Mas con las hojas yermas
no vuelan al etéreo.
¡Ah, Dios! Si se marchasen
volando, lejos, lejos...

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