Antaño los poetas escribían
con plumas de faisán
en lienzos de papel, caros y exóticos
de pálido brillar.

A solas, en mísera buhardilla,
su pluma hacían volar;
con llanto de Selene se alumbraban...
¡Qué bello era rimar!

Mas hoy ya no se escribe como entonces
con tanta soledad y oscuridad
y aún surgen todavía los poemas
del ánima inmortal.

A nuevos tiempos, formas
distintas de expresar
las luces de la vida, que el Poema
por siempre vivirá.



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