Y volvieron las lluvias como entonces,
otra vez los abismos se rompieron
y por mil fuentes clara agua pura
a la tierra bajó desde los cielos.

A lavar las ofensas y pecados
nuevamente las aguas se volvieron;
otra vez, como entonces, mojó el campo
y a su beso los surcos florecieron.

Pero entonces las lluvias no mojaban
más que a un joven que andaba un buen sendero
y hoy los mares de cólera divina,
por absurdo, han mojado sólo a un viejo.

Cuando vuelvan de nuevo aquí las lluvias
otro año, tal vez ya moje el cieno
formado por el llanto en una tumba
y yo sienta su abrazo sobre el pecho.


 

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