Como las rosas desprendidas de la rama,
como las hojas que en sí lleva el ciclón,
como el arbusto que exhausto en vano clama
piedad del leñador...

Como los peces cogidos por el hielo
al verse prisioneros, con dolor
suspiran en las aguas sus lamentos
que hieren la razón...

Así brotaban los ayes de mi alma,
así lloraba mi pobre corazón.
Vino la muerte, libró la vida esclava
y el alma descansó.



 

 

 

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