Y formaron agujas de albo hielo
mis amores al roce de unos labios;
su calor abrasaba mi alma entera
y su aroma la mente iba embriagando.

Y juraba, con odio, amor eterno.
No tenía la culpa del agravio.
¡Pero alguna tenía que pagarme
de sufrir y penar los torpes años!

 

 

 

 

 

 

 

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