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Es cierto que escribir un
buen poema
a veces no resulta tan sencillo.
Aparte de cuidarse de la rima
hay que tener también algo de pillo,
de golfo y calavera, de bohemio,
de infiel y seductor y de inconstante.
Es difícil en suma hacer mil versos
dirigiéndolos todos a una amante.
Es el sino implacable del poeta:
Mudar de corazón cual de camisa,
pero todas se llevan, arrancadas,
unas fibras de él y una sonrisa.
Así que a nadie extrañe que lloremos
aunque luego, de labios para fuera,
riamos de la vida alegremente.
Esa risa, en verdad, no es verdadera. |
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