| |
Estrella que
reluces en la altura,
fija, quieta, potente, con gran brillo,
desde siempre te ha visto mi mirada,
desde siempre, desde que fui un chiquillo.
Hoy pienso que has estado eternamente,
hoy sé que tú eres Vega, ése es tu nombre...
¿Qué nombre te pondría hace mil siglos,
cuando te viera, igual que yo te veo, el primer hombre?
Pues tú estabas allí, en el
firmamento,
mientras este planeta no existía,
allí, lejana, fija, y has de seguir estando
cuando de no estar nosotros llegue el día.
Eterna... Y, como tú, ocultas, otras
que ahora yo no distingo pero existen...
Pero nada es eterno, que hasta el Cosmos
también nace y se muere, no persiste.
Sólo el Dios que lo hizo estará
siempre.
Ése sí que es Eterno y que perdura.
¡Y pensar que tantos hay que de Él reniegan!
¿Cómo pueden pensar esa locura?
Mas ya has girado, Vega, no estás
quieta.
¿No ves que todo rueda en movimiento?
Nada se queda fijo para siempre,
todo se agita , incluso el pensamiento.
¿Cómo puede negarse al ingeniero
que creara este Universo prodigioso?
Es igual que negar que el Sol alumbra,
que todo amanecer es siempre hermoso.
Pero así son de necias las personas
que Él quiso que habitaran este mundo.
Pasará todo, mas nunca ha de borrarse
la obra de Ése Artista tan fecundo.
Así que, en esta noche, solitario,
contemplando, pequeño, Su Universo,
quisiera dirigirle una plegaria,
este rezo que he escrito verso a verso.
Para que siga brindándome sus dones,
para que siga alumbrándome la mente,
que inspire las palabras a mi pluma,
que me ilumine su luz eternamente.
Y cuando llegue el día de echar
cuentas,
le ruego sea benévolo conmigo.
que si hubo un tiempo que apenas le hice caso,
al término le ruego sea mi amigo.
|
|