Pantalones
rotos, bajo descosido...
¡Cómo se echa en falta un buen zurcido!
Unas ligeras manos,
acariciantes,
no hace mucho tiempo sabían hacerlo.
Y luego cocinaban
con un buen arte.
Más tarde se enredaban en mis cabellos.
Ahora el cabello, apenas,
casi no existe,
esas manos se han ido hacia otros lares.
Sólo queda el recuerdo
de unos días tristes
que entonces parecieron ser agradables.
¡Cómo pasan los años,
cómo no vuelven!
Los amores de ayer hoy son quimeras.
El tiempo nos conduce
hacia la muerte.
La juventud no torna por más que quieras
Pantalones rotos, bajo descosido...
¡Quién pudiese a la vida dar un zurcido!
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