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La soledad de quien vende no
la sabe
más que él, su garita y su cartera;
es ésta inseparable compañera,
aquella quien le alivia el sudor grave.
Igual que los marinos a la nave
añora el vendedor su madriguera,
le da al interruptor que refrigera
y el aire le acaricia fresco y suave.
¡Bendito el que lograra tal invento
que alivia en un instante las calores!
Habría que erigirle un monumento
repleto de medallas y de flores,
pues presta nueva vida en un momento
al cuerpo sumergido en mil sudores. |
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