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Reflejaban tus ojos mi mirada
y en su bello fulgor me quedé preso;
se unieron nuestros labios en un beso,
bebiendo de tu boca enamorada.
Recliné tus cabellos en la almohada,
mirándote feliz, con embeleso;
me abracé a tu cintura cual poseso,
un silencio total y luego nada.
Un lento susurrar, como un latido,
brotó de nuestras bocas tras el hecho.
De mi adentro surgió un dulce gemido,
cantando que ya estaba satisfecho.
En tus brazos quedé medio dormido,
muy juntas nuestras almas en el lecho. |
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