Dios creó a la mujer como un
castigo
para aquél que es cobarde e insolente,
que no teniendo ardor sólo es valiente
enfrentándose a un débil enemigo.
Mas le salió fatal al tal amigo
pues, creyendo mandar, el imprudente
se encontró siendo esclavo de repente
y clamó hacia el Señor: - ¡Yo te maldigo!
El Diablo intentó prestar su ayuda
y cambiar ofreció alma por mando:
- Fírmame este papel, no tengas duda,
que la pondré a tus pies. -. - Pero,
¿hasta cuándo? -.
- Hasta el día en que se quede ella viuda... -.
- ¿Y cuándo va a ser eso? -. - No tardando. -.
Desde el Cielo brotó tal carcajada
que la sangre del tonto quedó helada.
La Ciencia del Señor es infinita,
igual que te da todo te lo quita. |