| |
Me llamaste, insolente, en un
privado,
diciendo que a tu amor yo pretendía.
Antes de ser tu amiga lo era mía
y jamás empañé su nombre honrado.
Mil venablos soltaste muy alterado,
en tanto que al oírte sonreía.
¿Te encelas porque lee mi Poesía?
Aprende tú a hacer versos de igual grado.
- Es que lee tus poemas y te adora
y yo sé tu talante aventurero.
Si juntos estuvisteis una hora,
de amores le hablarías; sé sincero.
- Pues claro que lo soy. Que a una señora
le requiero de amor, no a un caballero.
Mas no seas celoso, buen Faustino:
Se marchó tan entera como vino.
Confía más en ella, que con creces
te brinda una pasión que no mereces. |
|