| |
El amor, en verdad, es sólo
un roce
que ilumina un instante nuestra vida,
una tierna caricia consentida
que otorga a nuestro cuerpo un leve goce.
No es válido el disfraz ni aun el
emboce
que le dé la plegaria más sentida;
no es el alma a quien daña con su herida,
que el placer es la carne quien conoce.
Fingimos ocultar un sentimiento
si lógico, vulgar, con versos bellos;
bañándolo de llanto y sufrimiento,
alabando el color de unos cabellos
y el fulgor de unos ojos. Y, al momento,
tras la mágica unión, ¿quién piensa en ellos?
Estando ya las ansias satisfechas,
de las trenzas loadas, ni las mechas. |
|