Dice sabio el refranero
que en su tierra no es profeta
ni siquiera el Carpintero.
Igual le ocurre al poeta.
Pues la envidia es el pecado
que comete más el hombre,
que digan que soy negado
no es raro que no me asombre.
Yo no afirmo ser un genio
ni un Quevedo ni un Cervantes,
mas dicen que tengo ingenio
y sé hallar las consonantes.
Dicen que me falta oficio,
estudios y muchas cosas.
Lo cierto es que el sacrificio
no es un camino de rosas.
Pero a pesar de ser vago
en mis años de estudiante,
tan mal, creo, no lo hago,
aunque no estudié bastante.
Que en esto de la escritura
suele ser mejor escuela
enfrentarse a la aventura
que leerse una novela.
¿Que leí poco a Neruda?
Me conformé con Machado
que es mejor, no tengo duda,
aunque menos rebuscado.
¿Que tengo poca sapiencia
y cultura insuficiente?
Mas me sobra inteligencia,
verbo, ardor y soy valiente.
¿Que de hemistiquios no opino,
que tengo muchas lagunas?
Yo sé cuál es mi camino
y es verdad que tengo algunas.
En fin, que me importa poco
cuanto digan. No me apena.
Más sabe en su casa el loco,
dicen, que el cuerdo en la ajena.
Y hasta aquí va lo suscrito,
que lo tengo como lema:
No hay que ser un erudito
para hacer un buen poema.
Lo que hay que ser es galante
con la Musa; y, satisfecha,
te hablará con buen talante.
No se quejó hasta la fecha. |