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Se despertó muy tarde hoy mi
cabeza,
mi cuerpo está cansado y somnoliento;
quisiera levantarme, pero siento
todo mi yo enterrado en la pereza.
¿Para qué escribir tanto? Con torpeza
tan sólo, al parecer, mi sentimiento,
repleto de alegría y de contento,
expreso sin lirismo, sin belleza.
Parece necesario sufrir mucho,
empapando los versos con el llanto,
para ser buen poeta. Si la risa
aflora en mi poema sólo escucho
palabras de rigor y desencanto.
Habré, pues, de borrar esta sonrisa
si quiero recoger premios y halago.
Mas muy a gusto me siento y no lo hago,
que pongo a mi alegría mayor precio
que el ganarme de algunos el aprecio. |
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