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Releyendo los versos de
Quevedo
me veo como haciendo lo que hiciera:
Plasmar en Poesía, toda entera,
la historia de una etapa. Así, sin miedo,
adopté de El Villano el simple mote,
relatando los duelos de los días
y contando también las alegrías
que, al ser menos, las pongo de estrambote.
Que es claro que en la vida son las
penas
bastante más frecuentes que el contento;
las caras de los hombres están llenas
de huellas de dolor y de tormento.
La dicha y el placer duran apenas;
en cambio, nunca acaba el sufrimiento.
Luchando con afán por ser felices
te quedas con un palmo de narices. |
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