Marchaba el caballero...

  Marchaba el caballero muy alterado
detrás de la muchacha pizpireta
que, viéndose seguida, muy coqueta,
movía las caderas de buen grado.

El viejo no dudó que había ligado
y ya soñó tener noche completa.
Estúpido infeliz, que era una treta
ni siquiera pensó. ¡Pobre alocado!

Decidido a la acción, gesto altanero,
se dirigió a la joven, sonriente,
cual gallo que domina el gallinero,

diciendo: - Señorita, ¿usted consiente..? -
- Depende del color de su dinero -.

Le contestó, melosa, al imprudente.

Y entonces se dio cuenta el calavera
que a cierta edad quien liga es la cartera.

 

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