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Marchaba el caballero muy
alterado
detrás de la muchacha pizpireta
que, viéndose seguida, muy coqueta,
movía las caderas de buen grado.
El viejo no dudó que había ligado
y ya soñó tener noche completa.
Estúpido infeliz, que era una treta
ni siquiera pensó. ¡Pobre alocado!
Decidido a la acción, gesto altanero,
se dirigió a la joven, sonriente,
cual gallo que domina el gallinero,
diciendo: - Señorita, ¿usted
consiente..? -
- Depende del color de su dinero -.
Le contestó, melosa, al imprudente.
Y entonces se dio cuenta el calavera
que a cierta edad quien liga es la cartera. |
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