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Viernes Santo... ¡Qué
triste medio día
en que el Sol se ocultó cuando al madero
clavaron con crueldad al prisionero
y escuchó sus clamores de agonía!
Las tinieblas reinaron y sombría
permaneció la tarde. Ni el lucero,
sumido sin dudar en desespero,
lucir quiso en la noche de ese día.
Y todo por ser puro e inocente,
Cordero concebido sin pecado,
por no causar perjuicios a la gente,
por ayudar al pobre y al honrado.
Hasta a aquél que le hirió tan ferozmente
le perdonó, sin duda, de buen grado. |
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