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Quisiera yo escribir una
epopeya
que cante la belleza de la vida,
mas temo no poder, salvo que pida
me preste su fulgor alguna estrella.
Vivir, no cabe duda, es la más bella
ofrenda del Señor, aunque a medida
que vas envejeciendo ya se olvida
y vives sin pensar jamás en ella.
¿La muerte es el final? Yo no lo
espero;
mas si un día nací no siendo nada,
partiendo la existencia desde cero,
¿por qué pensar que exista otra
jornada?
Quizás para aprender el verdadero
valor que encierra el alma atormentada. |
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