En la mano, portando una flor roja...

  En la mano, portando una flor roja,
una rosa sangrienta, ilusionado,
¿a dónde marchará el enamorado?
En busca de la mano que la acoja.

Envidio su ilusión y hasta me enoja
saber que existe aún quien, inspirado,
un verso en una flor haya trocado
y una bella gentil se la recoja.

Yo también he sentido en otros días
lejanos de mi ardiente primavera
de saber que esperábame una hermosa

la ilusión de mil bellas poesías.
Mas ahora ya siento que me espera
una fría sonrisa y poca cosa.

Por ello siento envidia y no lo niego:
Tú apagaste a sabiendas aquel fuego.
La rutina de amores es la muerte.
No tendrás de avivarlo tanta suerte.

 

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