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Con mi pluma, escribir versos
hermosos,
repletos de añoranzas y de amores,
es fácil, mas me faltan los ardores
que logren que en verdad sepan sabrosos.
Podría, sí, forjarlos piadosos,
repletos de metáforas y flores,
brillantes, con mil mágicos colores,
sencillos, juveniles, candorosos.
Pero al fin y a la postre, ¿qué me
inspira
si luego no te fijas tan siquiera,
si luego tu mirada no los mira,
si no das importancia a mi quimera?
¿Para qué calentar mi fragua ardiente
si mis versos no brillan en tu mente?
Siendo novios, ¡qué a gusto me leías!
Mas hoy siembran desdén mis poesías.
Y el desdén al desdén a veces llama...
No llores si después hay quien me inflama. |
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