| |
Sostenía tu cuerpo pizpireto
en tanto te cantaba una romanza
y, brillando en mis ojos la esperanza,
en mi mente forjóse este soneto.
Parecías pensar: - A este sujeto
que me aprieta feliz contra su panza,
en tanto que me agita y loco danza,
le noto, de verdad, un tanto inquieto.
Es mi abuelo, me dice. Su bigote
me roza y acaricia mis mejillas.
Lo cierto es que me causa hasta cosquillas,
dejémosle gozar a este ancianote. -
Y yo seguí cantándote, preciosa,
el chotis de bonita y salerosa. |
|