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Si sonaran las teclas del
piano
como brillan los trinos del jilguero,
apuesto a que vibraba el mundo entero,
haciéndose más grato, más humano.
Porque su son haría que la mano
se diese de verdad al compañero,
al amigo, al rival; que verdadero
significar le diéramos a hermano.
Pues le damos a veces un sentido
erróneo, equivocado y vergonzante,
muy lejano en verdad, muy confundido,
vacío de cariño, difamante.
Pasea nuestro cuerpo adormecido
sin mirar a los lados, siempre avante.
No echamos ni un vistazo a un conocido.
¿Cómo vamos a amar al semejante? |
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