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Bendigamos las noches y los
días
que el Señor nos regala alegremente,
los mágicos efluvios que en la mente
infunde para hacerle poesías,
las penas que transforma en alegrías,
los gozos que nos brinda tan clemente,
los sueños que pululan dulcemente
en las noches más torvas y sombrías.
Me río cuando afirman que no existe,
que todo en un principio fue materia,
que el mundo comenzó por una triste
combinación de gases. La bacteria
primera que nació, ¿de dónde vino?
Sin duda que del hálito divino. |
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