Amigo que no presta,
navaja que no corta
ni a hacerlo está dispuesta...
Si se pierden, no importa.
Me lo enseñó mi abuela
siendo yo bien pequeño,
perderlos no te duela
ni que te quite el sueño.
Que más vale en la vida
una amistad sincera
cabal y comedida
que una falsa Quimera.
Yo lo dijo Quevedo
hablando de la plata:
Si tienes, te concedo;
si no tienes, ¡qué lata!
Mucho decir que: - Cuánto
te quiero, amigo mío,
mas no tienes. Por tanto,
en tu amistad no fío.
Si supiese tenías,
con ganas te dejaba.
Para qué lo querrías
eso no me importaba.
- Lo entiendo, no soy tonto,
pierdes plata y amigo;
mas mira que si, al pronto,
de repente te digo:
- ¡Me tocó la quiniela!
Unos cuantos millones... -.
Publicaré una esquela
con tus buenas razones.
- ¡Vente pronto a mi lado! -,
de seguro me dices.
- Espérame sentado...
Me tocas las narices. |