La traición

  Por la espalda le hundieron el acero
y quizás fue quien menos esperaba.
La sangre a borbotones le manaba
y, aún herido, le dijo al compañero:

- ¿Por qué me heriste tú, si fui el primero
que nunca en tu carrera puso traba
a cuanto me decías? No esperaba
que dejaras jamás de ser sincero.

Le cercaron el resto y, de repente,
otra daga causó otra cruel herida;
la tristeza adueñóse de su mente

y no pudo evitar ya la caída.
Es la muerte de César, evidente;
pero muchas así hubo en la vida.

 

A poema anterior                            A Menú                      A poema siguiente

 
Hosted by www.Geocities.ws

1