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Aprovechar la ausencia del
ausente
para tildar de zafio y mal hablado
a aquél de quien su reto has ignorado
es signo de cobarde y no valiente.
Es innoble, a espaldas de la gente,
proferir tal injuria. Y es taimado,
canalla, envilecido, el que amparado
por otros da la espalda y no la frente.
Mas la culpa no es suya, que es de
todos,
que quienes a un cobarde así recogen
demuestran también ser de malos modos,
no muestran su valor cuando le acogen
sino ser de su idéntica calaña.
Cuánto duele decir: - ¡Me duele España! |
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