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Contemplando tu rostro
placentero,
tendido sobre el blanco de la almohada,
en mi mente he engendrado yo estos versos,
para ti, mi cariño, amor, mi amada.
Con los ojos cerrados, suspirante,
los labios entreabiertos, mi mirada
contempló tus encantos, los que antes
despreciara infeliz. ¡Mente alocada!
Tenía ya en mi casa la belleza,
el amor y la dicha asegurada
y me marché a buscarla en otras tierras,
dejándote a ti sola, abandonada.
Que fui loco no hay duda, en mil amantes
perdí mi corazón y mi energía,
no sabiendo encontrar en ti el diamante
que en tu pecho se oculta, vida mía.
Recuerdos y recuerdos que se agitan
en el fondo del alma tenebrosa...
¿Cómo lograr borrarlos de mi vida,
olvidarlos, vivir feliz, hermosa?
Que aunque quiera alejar de mi memoria
mis actos de traición, me es imposible.
Igual que cangilones de las norias
presentan ante mí su faz terrible.
Intentaré soñar sólo contigo,
dejándome de tanta pesadilla.
Me veré caminar con mis amigos
la noche en que te hallé, mi maravilla.
Alejaré los sueños de mi mente,
recordaré lo bueno del pasado,
el amor verdadero que me tienes,
de los días felices que me has dado.
Y cerraré las puertas del recuerdo
a aquellas que, mintiendo, me engañaron.
Borraré de mi mente, ya sin miedo,
el amor que sus labios me juraron. |
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