Caballero montado en Rocinante...

  "Caballero montado en Rocinante,
al lado Sancho Panza en su jumento,
campaba tan feliz el loco andante
con Dulcinea soñando el pensamiento.

De pronto unos molinos ve delante
y a su fiel escudero, muy contento,
asegura que pronto algún gigante
al suelo ha de rodar en un momento.

- ¡Mas, aguardad, señor, sólo un instante,
molinos, no gigantes, son de viento!
- No, Sancho amigo, engaño es y bastante,
pero de un mago es obra este portento. -.

Así que enristra y embiste galopante,
el rostro acariciado por el viento,
la lanza dirigida hacia delante,
no escuchando de Sancho el argumento.

Y allá se queda el Panza, sollozante,
relatándole al rucio su lamento:
- Podrá ser arte de magia, mas no obstante
para mí son molinos. Y no miento. -.

En tanto va el jinete y, tan campante,
alancea las aspas en su intento
de ganar los favores de su amante,
aún a costa de hacer el esperpento."

Por los suelos rodaron caballero
y caballo al envite del molino.
La gloria hay que alcanzar, pero primero
hay que mirar las cosas con buen tino.

Que a veces sabe más el escudero
más rústico y patán y menos fino
que el sabio pertinaz. Ser consejero
de locos casi siempre es mal destino.

Obedecer a un tonto aventurero
no suele llevar nunca a buen camino.
Más útil es ser torpe mas certero
que topar con un loco desatino.

Si pienso que la gloria está al alcance
tan sólo de unos pocos, no quisiera
hallarme de repente en un mal trance
y perder la Ilusión y la Quimera,

que con ellas se iría en ese lance
aquello que en la vida más impera.
Importa que al final cuadre el balance,
que la cuenta sea fiel y verdadera.

 

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