En esta sociedad tan
confortable
no prestamos ni crédito al lamento
de la noticia que expresa el sufrimiento
de pueblos muy lejanos y aunque hable
la radio de los muertos, inmutable
se queda el corazón al oír su acento.
¡Que nos dejen en paz, eso es un cuento,
engaños de la Prensa miserable!
Nosotros a lo nuestro, a nuestro ocio.
El problema está lejos y el negocio
consiste en vender armas si es posible
para que más se maten. Y lo horrible
es que su mal no nos importa un pito.
Nuestra calma no rompe tanto grito. |