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Y pasarán los años y los
días,
los jóvenes de hoy se harán ya viejos,
existirán dolores y alegrías,
buenas formas de hablar, buenos consejos.
Esas caras risueñas, pero frías,
con el tiempo serán rostros añejos,
mas siempre llegarán mis poesías
a atronar vuestro oído desde lejos.
Hoy me marcho, ya parto, ya me he ido,
ya abandono por siempre la oficina.
Apuesto a que hay alguno que ha reído
al ver que mi contrato se termina.
Mas por la puerta grande yo he salido,
como sabe salir una persona,
la cabeza muy alta, decidido...
Mas mi espíritu, os juro, no perdona.
Que de la afrenta vil que me habéis
hecho
cuenta habré de pediros algún día.
Que nadie haya opinado, no hay derecho.
Ha sido, llanamente, cobardía.
Con cobardes no quiero ni tratarme.
Escuchad, una vez sólo lo digo
que no puedo un minuto más callarme:
¡Sabed que os desprecio y os maldigo! |
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