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La edad, mi distinguida
señorita,
es como un muro a veces importante
cuando se ve una flor despampanante
y la mirada de uno está marchita.
La observas y ni un ojo se la quita,
pero la flor se yergue tan fragante,
indiferente al verso del amante
anciano que su amor le solicita.
La juventud, el sexo y el deseo
son males que los años van curando.
Sin embargo, en el fondo yo no creo
que el seso de verdad va madurando,
o al menos en mi caso no lo veo,
es sólo que la edad lo va secando. |
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