A la ninfeta

  La edad, mi distinguida señorita,
es como un muro a veces importante
cuando se ve una flor despampanante
y la mirada de uno está marchita.

La observas y ni un ojo se la quita,
pero la flor se yergue tan fragante,
indiferente al verso del amante
anciano que su amor le solicita.

La juventud, el sexo y el deseo
son males que los años van curando.
Sin embargo, en el fondo yo no creo

que el seso de verdad va madurando,
o al menos en mi caso no lo veo,
es sólo que la edad lo va secando.

 

A poema anterior                            A Menú                      A poema siguiente

 
Hosted by www.Geocities.ws

1