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En la noche resuenan las
canciones
que buscan a la pena dar olvido.
En mis ansias de ser apenas mido
si al vecino molesta con sus sones.
No se me queja nadie, no hay razones
para bajar el volumen del sonido.
La música, aseguran, es el ruido
menos fatal de todos. Mil perdones
habré de requerir en la mañana
si alguno se quejara que del sueño
le desveló mi música lejana.
Sumido, alegaré que, en el ensueño
de ver la noche tañer en mi ventana,
de mi torpe cerebro no fui el dueño. |
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