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Cuando entono una romanza
se va el alma tras de ella,
tras de la mujer más bella
que a mi vida da esperanza.
Hay que tener confianza
en el brillo de su estrella,
que si hubo una querella
ella no tomó venganza.
Y es que es tranquila y hermosa
mi cálida toledana,
aunque a veces es nerviosa,
sobre todo en la mañana.
Se despierta muy rabiosa,
y me habla de mala gana.
Entonces yo voy y canto
y con mi voz la levanto.
Ella, enfadada, me grita:
- ¡Calla esa boca maldita! -.
Y con un beso me acalla
y yo digo: - ¡Vaya, vaya..! -. |
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