A mí no me importa mucho
dónde se sienten los reyes
ni los padres de la novia
ni los que hacen las leyes.
¿Que se casa el principito?
Pues hace requetebién.
Pero no nos den la lata,
¡demonios!, que ya está bien.
Ahora bien, ¿y los dineros
para lucir tanto brillo?
Mucho me temo que al cabo
los saquen de mi bolsillo.
Que para echar un real polvo,
que ya muchos han echado,
peguen fuego a la Cibeles
me parece exagerado.
¿Cuánto se embolsa el alcalde
según ley y comisiones?
Aquí cobra hasta el más tonto,
La cosa tiene... mirones.
Porque es que encima la gente
parece que está contenta.
¡Madrid está muy bonito!
Pero, leñe, ¿no os dais cuenta
que esto vale pela larga?
Claro que, en euros contado,
semeja menos importe.
Lo dicho, ¡vaya embolado!
Felipe, no te nos cases,
tú continúa soltero,
tú a tus juergas y, de paso,
nos ahorras buen dinero.
Porque esta boda, Su Alteza,
es un enlace real
y tenemos ya previsto
que costará un dineral.
Mas existe mucho listo
que con ello bien prospera,
pues al ser una real boda
no es una boda cualquiera.
Por ello muchos te dicen
que un heredero precisas.
Tú diles que tienes tiempo,
que no tengan tantas prisas.
Así, con suerte, seguro
que en vez de hijo haces nieto
y el Jefe de nuestro Estado
vuelve a llamarse Niceto. |