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LXXXVIII
El licor envolvió mi mente triste
y la sombra cubrió mi palpitar,
mas en medio del turbio movimiento
pude ver la belleza de su faz.
Y mis ojos bañáronse en el llanto,
quemando la pupila en cruel afán
de borrar el recuerdo que, insistente,
viene al alma sedienta de hallar paz.
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