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LXXXIX
¡Lúgubre sonido
que del alma brota..!
Las cuerdas del arpa
se encuentran ya rotas...
Y de la tormenta
que en el pecho hierve,
los sones furtivos
los ámbitos hieren.
¡Qué triste es la noche!
¡Qué tristes las sombras!
¡Qué triste la muerte
si se espera a solas..!
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